Shin Saimdang fue una artista, escritora, calígrafa y poeta coreana. Ella era la madre del erudito confuciano coreano Yi I. A menudo se le presenta como una modelo de ideales confucianos. Su apodo respetuoso era Eojin Eomeoni (어진 어머니, “Madre Sabia”). Su verdadero nombre se desconoce. Sus nombres eran Saim, Saimdang, Inimdang e Imsajae.

Corría la época de la dinastía Joseon cuando en 1551 nació Shin Saimdang, la mayor de cinco hermanas. Como había pocos hombres en la familia, su abuelo materno la educó como si fuera un varón. Al crecer en esa atmósfera, Shin Saimdang recibió una educación que no era común para las mujeres de esa época. Shin Saimdang creció leyendo y escribiendo poemas, además de demostrar sus habilidades para el bordado, costura y pintura.

Saimdang fue capaz de cultivar su talento a pesar de la rígida sociedad confuciana de la época, gracias a un hogar poco convencional y a un marido comprensivo. Al no tener hermanos, recibió una educación que sólo se le legaba a un hijo, y este fondo influyó mucho en la forma en que educó a sus hijos.

A los siete años empezó a dibujar sin ningún aprendizaje formal en artes plásticas. Dicen que imitó la obra de un artista muy popular de un modo tan parecido, que los mayores quedaron realmente absortos. Le gustaba dibujar el entorno natural que la rodeaba, como insectos, mariposas y flores; y pasaba largas horas observando el paisaje para luego dibujar una escena casi idéntica sobre el papel.

Shin Saimdang es la primera mujer en aparecer en un billete de banco de Corea del Sur, el de ₩ 50.000 publicado por primera vez en junio de 2009.

En Corea su vida es un ejemplo, fue una importante artista de su época; aunque vivió en una sociedad muy rígida tuvo una educación poco convencional que le permitió desarrollarse como escritora, calígrafa, poeta y madre. Gracias a su talento, Shin Saimdang alcanzó tal peso histórico que en 2009 fue elegida para aparecer en los 50.000 wones, convirtiéndose así en la primera mujer en aparecer en un billete coreano.

Definitivamente, Shin Saimdang tenía un talento especial para la pintura, y cuando un pariente cercano visitaba su casa, siempre quería llevarse alguna de sus obras. Un día, un familiar que había llevado una de sus pinturas, le preguntó si podía darle otra, pues la anterior la había dejado en el patio para secar, pero una gallina vino y la picoteó, pensado que eran plantas de verdad de lo real que parecía. Tal vez esa historia sea solo una leyenda, pero parece que era muy buena con los pinceles.