Renacimiento: Sofonisba Anguissola

Sofonisba Anguissola fue una pintora italiana considerada la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento. Cultivó especialmente el retrato y el autorretrato, estableciendo nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino. A los veintisiete años de edad se estableció en España, en la corte de Felipe II. Se le adjudica un significativo papel entre el retrato italiano y el español en el siglo XVI además de notable influencia en el desarrollo posterior de este género en Italia. Su trayectoria resultó un precedente para varias mujeres artistas que habían sido excluidas de la enseñanza académica, de gremios y talleres y del mecenazgo papal, pero que sí encontraron respaldo en las cortes europeas entre los siglos XVI y XVIII.

Sofonisba Anguissola (también escrito Anguisciola o Anquissola) nació en Cremona (actual Italia) hacia 1535. Era a mayor de siete hermanos, seis de los cuáles eran niñas. Su padre era miembro de la baja nobleza genovesa. Su madre de una familia influyente.

Amilcare animó a sus hijas ( Sofonisba, Elena, Lucia, Europa, Minerva y Ana María) a cultivarse y perfeccionar sus talentos. Cuatro de sus hermanas también fueron pintoras, pero Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió y fue más renombrada. Elena se hizo monja y tuvo que dejar de pintar, así como Ana María y Europa lo dejaron al contraer matrimonio, mientras que Lucía, la mejor pintora de las hermanas, murió joven. La otra hermana, Minerva, se hizo escritora y latinista. Asdrubale, el hermano hombre, estudió música y latín, pero no pintaba. Su aristocrático padre se aseguró de que tanto Sofonisba como sus hermanas recibieran una buena educación en la que estaban incluidas las bellas artes.


A La edad de 14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, un respetado autor de retratos y escena religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti (conocido como «El Sojaro»). El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte.

Vasari visitó a la familia y dejó constancia de la preparación de Sofonisba tanto en la pintura como en el dibujo. Destacó en la realización de retratos, llevando a cabo un tipo de representación un tanto informal, en el que a menudo sus modelos desarrollan tareas aparentemente domésticas, acompañados de una serie de objetos que definen en mayor profundidad su personalidad. Ejemplo de eso encontramos nos sus numerosos autorretratos en los que Sofonisba aparece leyendo, tocando algún instrumento musical o pintando; todos estos atributos son a la vez representaciones elocuentes de las actividades a las que está sujeto un noble de su rango. Esta influencia parmesana matiza suavemente el acercamiento veraz a los objetos y materias que realiza Sofonisba, quien además insiste especialmente en el estudio psicológico de los modelos. Su actividad en Cremona también incluye pequeñas obras religiosas, realizadas con el objetivo de satisfacer un tipo de devoción privada.

En 1554, Sofonisba viajó la Roma, donde conoció a Miguel Ángel por mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser “informalmente” instruida por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo, y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante por lo menos dos años, Sofonisba continuó este estudio “informal”, recibiendo una sólida orientación del mismo Miguel Ángel.

Con todo, no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con coraje y apoyo, más que el resto de las mujeres de su época, su clase social no le permitía ir más allá de los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una señora que vise cuerpos desnudos. En su lugar, Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes con poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro fueron los protagonistas más frecuentes de sus obras.

Sofonisba llega a Madrid para convertirse en pintora de la corte además de dama de compañía de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del rey. Anguissola pasó los años siguientes pintando sobre todo retratos de corte oficiales, incluyendo los de la reina y otros miembros de la familia real.

Su obra tuvo enorme influencia en las generaciones de artistas posteriores. Su retrato de la reina Isabel de Valois fue el retrato más copiado en España. Entre estos copistas se incluyen muchos de los mejores artistas del momento, como Rubens.

Sofonisba es también importante para el feminismo. A pesar de vivir en una época en la que las mujeres estaban completamente ausentes de las artes visuales por imposición, el gran éxito de Anguissola abrió el camino a un gran número de mujeres para perseguir la consecución de sus carreras como artistas.

El gran historiador del arte Giorgio Vasari escribió sobre ella: « Anguissola mostró su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar; por eso triunfó no solo dibujando, colorando y pintando de la naturaleza, y copiando excelentemente de otros, sino por ella misma que creó excelentes y muy bellas pinturas».

Fue internacionalmente aclamada y respetada a lo largo de su vida.

Siete años después, en el que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía, en parte: «La Sofonisba, mi mujer […] quién es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre […] Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer».

La trayectoria de Sofonisba es un referente en la historia. A pesar de vivir en una época donde las mujeres estaban ausentes de las artes visuales (por imposición) su éxito abrió el camino la otras mujeres para desarrollar sus carreras artísticas.

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