Remontándonos al Renacimiento en los Países Bajos, a lo que se denominó escuela flamenca, hallamos que fue muy apreciado en esa época el trabajo de una pintora de miniaturas, hija de Jan Sanders van Hemessen, reconocido pintor manierista. Se trata de Caterina (o Catharina, en flamenco) van Hemessen, primera pintora flamenca en dejar una producción cuya autoría es demostrable.

Caterina van Hemessen es un perfecto ejemplo de artista vinculada a la escuela flamenca, y como tal, especialista en la pintura de miniaturas. Hija de pintor aprendería en el taller de su padre, del que además trabajaría como ayudante, lo cual es un caso singular conocidas las dificultades habituales en las mujeres por hacerse un hueco en el trabajo artístico, y más a principios del S. XVI.

Al igual que Jan van Hemessen, hacia la década de 1540 Caterina recibió el patronazgo de La reina María de Hungría, que en ese tiempo actuaba de regente de los Países Bajos en nombre de su hermano Carlos V. Trabajó en su corte realizando retratos en miniatura de importantes cortesanos, además de obras de temática religiosa que muestran la influencia paterna. Las pinturas de esta artista se caracterizan por el realismo; las personas retratadas posan generalmente contra un fondo oscuro, sin mirar al espectador.

La más conocida de sus obras es sin duda su autorretrato en el que la artista aparece dispuesta a comenzar su trabajo, pertrechada de sus útiles de pintar. También en este caso a Caterina puede considerársele una pionera porque no era muy común el autorretrato en esta época, pero menos aún el de una mujer y en la propia actitud de pintar. En esta obra además alcanza su mejor técnica, sorprendiendo por su realismo y una ingenuidad expresiva que hace más atractiva su figura.

Francesco Guicciardini nombra a esta artista en su Descripción de los países bajos de 1567. Giorgio Vasari también la menciona como miniaturista al servicio de la reina María en su obra Venida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos.