Lilly Martin Spencer es una de las más populares y ampliamente reproducidas pintoras estadounidenses de mediados del siglo XIX. Pintó escenas domésticas, mujeres y niños en una cálida atmósfera feliz. Aunque tenía un público para su obra, Spencer pasó dificultades a la hora de ganarse la vida como pintora profesional y estaba en un estado perpetuo de problemas económicos.

Sus padres la apoyaron en su búsqueda de una formación artística, pues defendían una mejora en los derechos de la mujer, siendo seguidores de utópicos como Charles Fourier.

Ya tenía una incipiente carrera como pintora, en Cincinnati, cuando se casó con Benjamin Rush Spencer el 24 de agosto de 1844. Aunque muchos temieron que el matrimonio acabaría con su carrera artística, no fue así. Benjamin Spencer era un inglés que trabajaba en el negocio de sastrería; con todo, una vez que casaron no siguió una carrera independiente, sino que él se dedicó a ayudar la Lilly Martin Spencer tanto en las tareas domésticas como en el trabajo de su taller. Esto hizo de Lilly Spencer la que sostiene a la familia. Lilly Martin Spencer tuvo trece hijos, siete de los cuales alcanzaron la edad adulta.

Sus pinturas suelen ser óleos sobre lienzo, de tamaño variado. Sus temas eran caseros, pintando a menudo a niños idealizados, madres que se parecen a la Virgen, felices amas de casa y maridos adorablemente ineptos. Su obra se consideró tanto ideológica (animando a la aceptación de las normas asociado con el alza de la clase media) cómo utópica (resistentes a dominación de clase o de sexo). Recibió la influencia de los libros de etiqueta, prestando gran atención a los detalles del decorado como cuencos de frutas o arreglos florales muy estudiados. La etiqueta también afectó a las actividades de los temas que representaba, las mujeres estaban implicadas en temas femeninos y todo el mundo aparecía en roles convenientes. El aspecto de su obra tiene un brillante refinamiento, y el pigmento de color tiene un acabado satinado. Su paleta fueron colores tradicionalmente brillantes. En los últimos años sus pinceladas fueron más secas y sueltas. Una de las principales críticas a su obra es la variación en el tamaño de las cabezas de sus figuras. Sus críticos a menudo comentaban que la cabeza era más grande y desproporcionada respeto al cuerpo de las figuras.

Spencer hace una esfera separada para las mujeres, que sienten confianza en sí mismas. Las mujeres no son solamente frívolas y vanas; más bien trabajan en su labor doméstica, lo que era algo no solo útil sino que podía disfrutarse.