Pilar Escudero Ferro nacida en una familia de artistas y de escultores. 

Retratista de varias generaciones de coruñeses y miembro de una familia de artistas Casada con el médico Alfonso Abelenda, tuvo dos hijos, el pintor Alfonso Abelenda, un gran artista con obra en los principales museos españoles y extranjeros, y Pedro, músico y showman. 

Pilar pertenecía a una familia de artistas, los  Escudero, oriundos de Pontevedra estaban ligados al negocio de la construcción. Miembro de una familia de artistas, escultores en su mayoría, su abuelo Saturnino Escudero Monteagudo y su bisabuelo, también Saturnino, hicieron realidad el Obelisco de Vittini, en el Cantón, el  Kiosco Alfonso o buena parte de los mausoleos del cementerio de Santo Amaro de A Coruña; su primo el escultor Escudero Couceiro fue miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes; su hermano Saturnino también se dedicó al arte. 

El taller de los Escudero (el mármol y la piedra eran su materia prima) se encontraba en la antigua calle del Socorro (hoy Juan Canalejo), que hace semiesquina a Sol en la zona del Orzán. 

Su padre, Saturnino  Escudero Monteagudo, y su tío José fueron enviados por el abuelo de Pilar a  Carrara, Italia, para formarse en la escultura y arquitectura. La estancia en Carrara y en Roma de los dos jóvenes Escudero fue al parecer fundamental para dar una dimensión más internacional a los talleres, que eran también lugar de tertulia. 

Los Escudero solían abrir sus talleres a otros artistas y así el escultor Villasenín hizo allí un busto del doctor Abelenda, una talla en madera.  Por su taller pasaría la intelectualidad republicana de la ciudad y figuras locales. En ese ambiente abierto y culto, en el que se mezclaban los saberes, la creación artística y las ideas republicanas convivían con las monárquicas, crecieron los Escudero Ferro. 

Por ellos pasaron desde el pintor Sotomayor al político Casares Quiroga, el violinista Manuel Quiroga, el diplomático y alcalde de A Coruña Gerardo Abad Conde, el pianista Vázquez Sebastiá, el escultor Antonio López o el pintor Manuel Abelenda.

También tuvo ocasión de pintar allí el gran Concheiro, que acabaría loco debido a una enfermedad genética.

Otra de las presencias asiduas era la del padre de Pablo Picasso, íntimo amigo de su abuelo, Saturnino Escudero, y el doctor Ramón Pérez Costales, además del gran pintor militar Román Navarro, profesor en la Escuela de Artes y Oficios.

En esos mismos talleres conoció Pilar al que iba a ser su marido, el doctor Alfonso Abelenda, que había ido a posar para el busto que le estaba haciendo Villasenín. Médico de la Marina Mercante y también aficionado al dibujo, pasaba la mayor parte del tiempo embarcado, lo que le permitía a Pilar y a sus dos hijos llevar una vida de horarios relajados y gustos bohemios.

Viajar era una de las grandes aficiones de Pilar Escudero, que con frecuencia acompañaba a su marido a visitar distintos países de Europa.

Vivió rodeada de artistas, así que no le resultó difícil ser uno de ellos, aunque su trabajo no haya trascendido como hubiera merecido. 

En ese caldo de cultivo, pocos maestros necesitaba Pilar Escudero, que se consideraba autodidacta, ya que tan sólo tomó algunas clases de pintura de Manuel Abelenda, amigo de la familia pero con el que no estaba emparentada. De esa época, aún guardaba Pilar en su casa de la plaza de Pontevedra sus pinitos al óleo, que reflejaban su mano para los pinceles. Pero ella prefirió el lápiz.

Se especializó en el retrato a lápiz. Habría podido ser una gran artista, pero sacrificó la carrera por el cuidado de la familia. Pese a ello, deja una buena colección de dibujos, porque en varias décadas no hubo en A Coruña familia que se preciase que no tuviese algún miembro retratado por Pilar Escudero.