Arte Colonial Norteamericano: Henrietta Johnston

Henrietta de Beaulieu Dering Johnston, pintora de retratos en pastel, es reconocida como la primera mujer artista profesional de la cual se tiene registro en Norteamérica. Vivió en las colonias inglesas de Norteamérica aproximadamente desde 1708.

Henrietta contrajo matrimonio con Robert Dering en 1694 y se mudó con él a Irlanda, donde tuvieron dos hijas; allí fue que comenzó a desarrollar la técnica del pastel, pintando a la gente importante con la cual estaba relacionada por su matrimonio, entre ellos Jonh Percival, quien más tarde se convirtió en Conde de Egmont y uno de los Condes de Barrymore.
Su marido murió hacia 1704, y Henrietta se casó de nuevo al año siguiente con un clérigo anglicano. Dos años más tarde, fue nombrado para servir como comisario de la Iglesia de Inglaterra en Carolina del Sur y se lo nombró ministro de la Iglesia Episcopal St. Philip’ s en Charles Town.

En las colonias llevaron una vida de dificultades económicas debido al retraso en los pagos del salario de su esposo. Se conoce por medio de las cartas escritas por él que no pudieran subsistir sin la ayuda de Henrietta con la venta de sus obras, y en una de ellas relata que quedó sin materiales de dibujo y cayó enferma. Continuó realizando retratos de la aristocracia de Charles Town tras de la muerte de Gideon en 1716.

Poco se conoce sobre la vida de esta artista en las colonias. Se sabe que viajó a algún lugar de Nueva York, donde hay cuatro retratos datados en 1725. Regresó a Charles Town algún tiempo antes de su muerte en 1729.

No se sabe mucho sobre su aprendizaje artístico; en la pose y el color muchos de sus retratos recuerdan a los de Sir Godfrey Kneller, de moda en aquel tiempo en el Reino Unido y las colonias. Sus pasteles de Irlanda están realizados en profundos tonos tierra, mientras que los hechos en Carolina del Sur son generalmente más claros y más pequeños, pudiendo notarse la calidad de los materiales, probablemente importados. Cada personaje es retratado de la cintura para arriba, en pose erguida, con la cabeza un poco girada en dirección el espectador, los rostros con grandes ojos ovalados y detalles bien delineados de pestañas, rizos y adornos.

Utilizaba normalmente hojas de papel de 22,5 x 30 cm y un entramado simple de madera, en cuya parte posterior anotaba su nombre, además del lugar y fecha de realización de la obra.

La mujer y el arte de la Edad Media: Guda

Guda fue una monja del Convento de Weissfauen en Alemania copista ilustradora de manuscritos, que es considerada la primera mujer en pintar un autorretrato, allá por el siglo XII.

Junto con la pintura, creó un autorretrato en una letra inicial en un Homiliario (colección de explicaciones familiares de los evangelios) en concreto en el Homiliario de San Bartolomé (ahora en la Deutsche Nationalbibliothek de Fráncfort).

Junto a este autorretrato escribió una inscripción: Guda peccatrix mulier scripsit et pinxit hunc librum, es decir, “Guda, una pecadora, escribió e ilustró este libro”.

Los historiadores reconocen la Guda cómo una de las primeras mujeres en la civilización occidental que deja como firma un autorretrato.

Barroco: Rachel Ruysch

Rachel Ruysch fue una artista neerlandesa que se especializó en el género del bodegón de flores.

Rachel Ruysch se trasladó a vivir a Ámsterdam a los tres años de edad. Su padre, un famoso anatomista, y botánico, fue nombrado allí profesor. Él reunió una gran colección de rarezas y curiosidades naturales en su casa y Rachel ayudaba a su padre para decorar el ejemplar preparado en un liquor balsamicum con flores y encaje. A los quince años de edad, Ruysch empezó como aprendiz con Willem van Aelst, hasta la muerte de este en 1683; Van Aelst era un prominente pintor de Delft, conocido por sus cuadros de flores.

En 1693, se casó con un retratista.

En 1709 Ruysch fue incluida, junto a su marido en el gremio de pintores de San Lucas, en la Haya. De 1708 a 1713, Ruysch y su esposo fueron invitados a trabajar como pintores de la corte en Düsseldorf, para Johann Wilhelm, Elector Palatino. Rachel Ruysch trabajó para él y su mujer desde 1708 hasta la muerte del príncipe en 1716. En esa fecha retornó a Ámsterdam, donde continuó trabajando hasta los ochenta y tres años de edad. Ruysch siguió pintando para sus destacados clientes. Fue una artista muy renombrada en su época, ya que fue alabada por no menos de diez poetas contemporáneos suyos. Asimismo, Jan Van Gool, coétaneo suyo, la biografió, lo que la hizo famosa y estimada por la calidad de su obra pictórica.

La típica naturaleza muerta de Ruysch, consiste en unas flores dentro de un vaso situado sobre un alféizar o bordo de mármol o piedra, con un fondo oscuro. La evolución de su estilo puede seguirse fácilmente en una serie de pinturas del Rijksmuseum de Ámsterdam, donde su temprano ramo de flores sobre cobre, se halla en la tradición del siglo XVII, ejemplificada por Jan Davidsz de Heem, por ejemplo, y que contrasta con uno florero ejecutado en su madurez. El éxito técnico de Ruysch se basó en un dibujo sólido y enérgico, y en la técnica de la tradición anterior de la naturaleza muerta en concomitancia con su original introducción de un movimiento sofisticado y elegante, así como en una libertad de composición, tanto la pequeña como gran escala. Se considera una de sus obras cumbre, el Bodegón con buqué de flores y ciruelas, hoy en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas, donde el sutil uso de la curva en la composición declara su excelente buen gusto.

Ruysch vivió ochenta y cinco años, y sus obras, en su gran mayoría firmadas, cobren una sólida y segura cronología desde 1681 hasta 1747. Se conocen un centenar de pinturas suyas. El fondo de sus pinturas suele ser negro. Ruysch también destaca por sus pinturas de jarros de cristal detallados y realistas.

Barroco: Giovanna Fratellini

Giovanna Fratellini fue una pintora florentina barroca.

Venía de una buena familia y fue una de las damas de la corte de Vittoria della Rovere, la Gran Duquesa de la

Toscana, quien no escatimó recursos para su formación, llegando a tener cómo maestro a Domingo Gabbiani.

Se formó en la pintura y la música bajo los auspicios ducales. Sus obras consisten en pinturas al óleo, pastel y miniaturas de esmalte, entre otras técnicas. Se la conoce sobre todo por sus retratos pero también pintó mitologías, bacanales y temas históricos, como la Muerte de Lucrecia. Después de formarse en el arte de la pintura en miniatura con el monje capuchino y pintor Ippolito Galantini y en la técnica de pastel con Domenico Tempesti, pasó a perfeccionar su técnica con Anton Domenico Gabbiani.

Las obras con las que obtuvo más prestigio fueron los retratos, ámbito en el que fue considerada el máximo exponente de la elegancia del siglo XVIII. Sus retratos representan un modelo de refinamiento noble y virtuoso, como el de Ceilia Pazzi (1720), que forma parte de su serie damas jóvenes de la nobleza en poses características de adultos.

Además de retratos, Fratellini realizó también pinturas religiosas para Cosme III de Médici. También realizó encargos para el príncipe Fernando, obras de historia y piezas mitológicas en pastel. Sus encargos fueron facturados y registrados constando que llegó a recibir hasta 15 escudos por cada retrato terminado en pastel sobre papel. Violante Beatrix von Bayer, gobernadora de Siena y esposa del príncipe heredero de Toscana Fernando de Médici, le encargó retratar la muchas de las damas de la corte.

Fratellini compartió experiencia con otras pintoras de su época, destacando Maria Maddalena Gozzi Baldacci y Violante Beatriz Siries quien sustituyó la Fratellini, tras su muerte, como pintora de la corte.

El autorretrato de Fratellini, en el que se representa a sí misma en el acto de pintar, conocido como ” Autorretrato” de 1720 se encuentra en la Galería de los Uffizi. En este trabajo, es interesante observar que a pesar de que se muestra a la artista trabajando la técnica del óleo en una miniatura (la de Lorenzo Fratellini, quien murió dos años antes que la pintora), el trabajo se realizó al pastel.

Clasicismo: Claudine Bouzonnet-Stella

Claudia, más conocida como Claudine, fue una de las sobrinas del pintor Jacques Stella, destacado, entre otras obras, por decoración del palacio del cardenal Richelieu y cuyos trabajos, clasificados dentro del clasicismo francés, de sobrio colorido y elegantes figuras, tenían una marcada influencia de Poussin, al punto que muchas de sus pinturas fueron vendidas posteriormente en forma malintencionada bajo la atribución a este autor.

El taller de Stella, que se constituyó en una empresa familiar, pasó luego de su muerte a ser regentado por los hijos de su hermana Madeleine: Claudine, Antoine, Françoise y Antoinette. Todos se iniciaron en el grabado, realizando reproducciones de las obras de su tío, pero Claudine y su hermano Antoine llegaron a desarrollar carreras como pintores, aunque sólo recientemente sus trabajos han sido distinguidos de los de Jacques Stella. Claudine trabajó por un corto tiempo como artista principal del taller inmediatamente después del fallecimiento de su tío, hasta que Antoine regresó de Roma.

Estudió arte en París con su tío, Jacques Stella. Colaborando con varios grabadores durante varios años cuando tenía un notable éxito como pintor, Stella decidió abrir su propio taller para producir grabados a partir de sus dibujos. Para eso contó con sus sobrinos Claudine, Antoinette, Françoise y Antoine, quien se desplazó de Lyon a París para vivir con él en sus apartamentos del Louvre. De todas formas, es preciso constatar que Claudine Bouzonnet- Stella también recibió formación de otros maestros, puesto que las actividades de grabado de su tío estaban restringidas solo al aguafuerte.

La obra de Claudine en su mayor parte se basa en temas religiosos, tanto en pintura como en dibujo y grabado. Las pinturas identificables de Claudine son escasas, y su única obra firmada y datada como”Claudia Stella 1666″ que sobrevive en la actualidad es “El sueño de San Martín”, sita en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Esta pintura fue de gran importancia para la atribución de otros trabajos la esta autora, como es el caso del “Nacimiento de la Virgen”.

Se notó la destreza de esta artista en la composición y la calidad del diseño, claro y legible, así como la habilidad en la representación de las telas, aspectos que distinguen su obra de la de sus hermanos.

Tras la muerte de Jacques Stella en 1657, Claudine se convirtió en la líder del taller, y consiguió un privilegio real para poder grabar en exclusiva los dibujos de su tío. Ese mismo año ya publicó Les Jeux et Plaisirs de l’ Enfance, un conjunto de 50 hierros que había grabado ella misma a partir de dibujos de su tío Jacques.

En 1667 publicó Les Pastorales, una serie de 16 grabados sobre temas relacionados con la vida rural. Estas dos series de grabados fueron publicadas cómo hechas a partir de obras de Jacques Stella, de las que no se encontró ninguna traza, no se han rastreado originales, ni se mencionan dibujos en un inventario del taller, lo que lleva a algunos historiadores del arte a sugerir que los diseños pueden haber sido realizados por la propia Bouzonnet-Stella. También publicó grabados a partir de obras de Nicolas Poussin, quien era un íntimo amigo de su tío, y a partir de sus propios dibujos. Para este último, sin embargo, ella no actuó como su propia editora.

Cornelia de Rijck

Cornelia de Rijck fue una pintora holandesa especializada en pintar aves e insectos.

Cornelia se casó en 1688, de 35 años, con Gerrit van Goor, un retratista y pintor de género, y juntos enseñaron al artista Gerrit Rademaker, quien continuó sus lecciones como viuda.

Una pintura firmada y fechada en 1690 deja en claro que Cornelia de Rijck trabajó como pintora independiente. Cuando su esposo murió alrededor de 1695/1696, dice Van Gool en The New Schouburg of Dutch Painters and Painters (1751), su alumno Gerard Rademaker (1672-1711) decidió seguir siendo aprendiz de “sus maestros difuntos dejó viuda, Cornelia de Ryck, también […] pintora “(Van Gool, 379-380). Más tarde, Cornelia también tuvo un comercio de pinturas: en las condiciones matrimoniales para su segundo matrimonio, redactadas el 31 de enero de 1697, además de ropa y joyas, tuvo su “taller de pintura” excluido de la finca media.

Cornelia de Rijck se especializaba en la pintura (agua) de aves y aves de corral, deambulando por un corral o en un jardín. Logró reproducir estos animales de forma natural y, por lo tanto, fue comparada en un poema por el amigo del escritor y escritor Jan Goeree con el famoso pintor de aves Melchior Hondecoeter: “[Cornelia] que con tu mano despierta / todo después” el techo estrellado se levanta sobre las alas / logra moler tan vivo / Que pones el fenix [Hondecoeter] en ese konst a la corona ‘(poema de boda en Studbook Schijnvoet). A veces, Cornelia colaboró ​​con pintores de paisajes, como se desprende de una mención en el legado de Simon Schijnvoet: “Una [pieza] de la misma [Cornelia] es un halcón entre las aves, el paisaje del joven Weenicx”.

Pocas pinturas de Cornelia de Rijck han sido conservadas o reconocidas como tales. La mayoría de ellos están en el comercio de arte o en colecciones privadas. Sólo se pueden encontrar algunas pinturas en un museo. Una notable colección de 116 dibujos de ella se conserva en la Real Academia de Ciencias de Estocolmo. Este es un catálogo firmado de la colección de mariposas e insectos surinameses de Simon Schijnvoet, hecho por Cornelia “para preservar cuidadosamente todas estas rarezas, para el desgaste de los años, por su dotado pincel” (“En la sala de arte del Señor Simon Schijnvoet ‘, Joannes Braam en Studbook Schijnvoet). El libro completo, que originalmente tenía 120 dibujos, se subastó el 18 de febrero de 1728, junto con otros dibujos y grabados del legado de Schijnvoets.

Las pintoras femeninas no estaban inscritas en el Gremio, pero sí desempeñaron un papel en la producción de pinturas en el rango de precios más bajo, de hasta unos pocos florines por pieza. También fueron empleadas para vender estas u otras pinturas en la calle. Pintoras conocidas en Delft son Cornelia de Rijck, Maria van Oosterwyck y su asistente Geertje Pieters. Luego nos encontramos con Maria van Pruyssen. De este grupo, Maria van Oosterwyck tiene la consideración de una “aficionada al arte” muy bien pagada que realmente estaba pintando a nivel profesional.

Luisa Rafaela de Valdés Morales

Hija primogénita del pintor Juan de Valdés Leal, en ocasiones llamada Isabel de Morales Carrasquilla, quien según algunas fuentes también habría sido pintora. La madre, Isabel Martínez de Morales, hija de un artesano hidalgo cordobés, quien según algunas fuentes también habría sido pintora, aunque aficionada.

A Luisa de Morales se la conoce como ayudante de su padre en labores de dorado y fue la autora de tres estampas de uno de los libros más bellos de la imprenta sevillana de siglo XVII.

Hasta el siglo XVII, la mayoría de las mujeres artistas están vinculadas a talleres familiares: son hijas, hermanas y/o esposas de artistas, en un periodo de florecimiento del arte en torno al Siglo de Oro. Marchantes y coleccionistas aumentaron sus ganancias con falsas atribuciones hasta desfigurar las fuentes de la historia.

En 1671 y 1672, con ocasión de las fiestas con que la ciudad de Sevilla celebró la canonización del rey Fernando III el Santo, firmó tres de las láminas con que salió ilustrada la obra de Fernando de la Torre Farfán, Fiestas de la S. Iglesia metropolitana, y patriarcal de Sevilla, al Nuevo Culto del Señor Rey S. Fernando el Tercero de Castilla y de León, uno de los libros más bellamente impresos en España en el siglo XVII. En su ornamentación participaron Murillo y Francisco de Herrera el Mozo, que proporcionaron algunos de los dibujos, y Matías de Arteaga que con Valdés Leal y sus hijos, Lucas Valdés, de solo once años, y Luisa, de diecisiete, iban a encargarse de los grabados al aguafuerte.

A Luisa correspondieron las reproducciones minuciosas de algunos de los emblemas que cubrían el túmulo funerario alzado en la catedral de Sevilla, eje de las celebraciones festivas.​ También en 1671, y con el mismo motivo, se encargó por traspaso de su padre de la pintura y dorado de la estatua de san Fernando que Pedro Roldán había hecho para la catedral hispalense.

Según Ceán Bermúdez, que se ocupó de Luisa de Morales como grabadora de las estampas de la obra de Torre Farfán, sin advertir la relación de parentesco con Valdes Leal,​ una de sus hermanas menores, María de la Concepción Valdés, monja profesa en el monasterio cisterciense de San Clemente de Sevilla, donde falleció en 1730, habría sido también pintora y destacada como retratista.

Barroco: La Roldana

Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, conocida popularmente como La Roldana, fue la primera escultora española registrada. Es una de las principales figuras de la escultura del Barroco en la Andalucía de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su fama alcanza mayor relieve desde que Antonio Palomino la reconoció cómo una escultora tan importante como su padre Pedro Roldán.

El taller de su padre alcanzó gran prestigio y le llegaban numerosos encargos, por lo que no es de extrañar que sus hijas mayores ayudaran desde muy jóvenes en el taller familiar; se sabe que Francisca se dedicaba a la policromía y que María y Luisa se inclinaron más hacia la escultura. Se suponen que su padre debió de ser su maestro, tanto en el manejo de las gubias como en la enseñanza del dibujo, ya que desde 1660 estaba Pedro Roldán de profesor de esta materia en la Academia de Sevilla.

Los trabajos aumentaban y la economía familiar permitió a su padre montar un nuevo taller más grande, donde trabajaban numerosos operarios además de sus tres hijas. Luisa destacó rápidamente sobre sus otras hermanas y es posible que ayudara directamente en las esculturas de su padre. Segun cuentan Cascales y Ceán Bermúdez, el cabildo de la catedral de Sevilla había encargado la imagen de sano Fernando a Pedro Roldán “conservada en la sacristía mayor”, escultura que una vez vista por el cabido catedralicio fue rechazada. Llevada al taller la arregló Luisa, serrando la cabeza y las piernas y dándoles más movimiento, de esta manera fue admitida sin reparos.

Su escultura fue de temática religiosa, siguiendo las directrices del Concilio de Trento de humanizar el arte de las imágenes, para poner la religión más próxima al pueblo. Realizó esculturas de tamaño natural para procesionar, en madera o de barro cocido con policromía y muchas de ellas de las llamadas «de candelero» o para vestir, así como también otras de pequeños grupos de devoción para particulares y conventos, con gran movimiento y expresividad con plenas características del arte barroco. Ejecutó numerosos belenes en terracota de estilo italiano, inclinándose más por los que formaban una escena de la Natividad como grupo escultórico unido.

Después de una etapa de aprendizaje y primeras obras realizadas en Sevilla, en 1686 se trasladó a Cádiz para realizar diversos trabajos encargados por el cabido municipal y el catedralicio. La fecha de su traslado a Cádiz, no se pudo determinar con precisión. Aunque sí fechas próximas, gracias al documento autografiado de la escultora, hallazgo durante una restauración del año 1984 del Ecce Homo que se conserva en la catedral de Cádiz, en el que se autonombra como «insigne autora» de la imagen ayudada por su marido y que está datado el 29 de junio de 1684 y en cuya parte posterior se encuentran diversos croquis de rostros. Este documento se conserva en exposición en el museo catedralicio.

Con la realización de estos pequeños grupos escultóricos, la familia consiguió ir viviendo, mientras esperaba que el rey Carlos II la nombrara escultora de cámara, favor que esperaba alcanzar posiblemente gracias a la protección de Cristóbal de Ontañón, mecenas artístico y ayuda de cámara del rey. Este nombramiento llegó con fecha 15 de octubre de 1692, lo que representó su prestigio oficial, pero no el económico como seguramente esperaba La Roldana; los trabajos que efectuaba estaban mal pagados e incluso tenía dificultades para cobrar, pues en aquella época, la situación general del reino era mala por la deficiente administración y la corrupción.

A partir de su nombramiento real, la escultora firmaba la mayoría de sus obras añadiendo «Escultora de Cámara», así se puede ver en una de las más conocidas: el Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies, obra encargada por el rey con destino a la decoración del monasterio de él Escorial. La escultura, que es de madera policromada y algo mayor que el natural, muestra al Arcángel venciendo al demonio que lo tiene bajo sus pies, todo eso con gran movimiento y dramatismo. Segun se cuenta, Luisa se autorretrató en la cara de San Miguel y puso el rostro de su marido al demonio, representando el Bien y el Mal respectivamente.

En el año 1700 murió el rey Carlos II y el nuevo rey Felipe V, llegó a España en abril de 1701. Luisa Roldán presentó al nuevo rey dos obras, un Entierro de Cristo y un Nacimiento, al tiempo que le enviaba una solicitud para que se sirviera nombrarla nuevamente escultora de Cámara. Con fecha de octubre de 1701 el nuevo rey le concedió otra vez el nombramiento de escultora de Cámara.

Su obra está formada principalmente por esculturas de imaginería, junto con terracotas de pequeño formato realizadas sobre todo durante su estancia en Madrid y para la pequeña burguesía.

Ocupó un lugar importante en su obra, la realización de «Belenes» o «Natividades», en los que solía representar al grupo de la Sagrada Familia, rodeados por ángeles. En algunos incluía la presencia de algún animal propio de los nacimientos, como corderos, la mula y el buey, además de otros. En estas escenas se aprecia ya un aire progresivo con tendencia al rococó. Sus obras muestran caras bellas pero humanizadas, llegándose a creer que eran retratos de personajes próximos a ella, familiares o amigos.

Barroco: Josefa de Óbidos

Josefa de Ayala Figueira, más conocida como Josefa de Óbidos, es la más destacada pintora de la segunda mitad del XVII portugués.

Hacia el año 1626, cuando Portugal y España estaban unificados, Baltasar Gómez Figueira, natural de Óbidos, marchó a Sevilla con intención de ingresar en la carrera militar, pero acabó ganándose la vida en el taller del pintor Francisco Herrera el Viejo donde se ocupaba de hacer las pinturas y preparar las telas.

En Sevilla se casó con Catalina de Ayala Camacho, naciendo siete hijos de este matrimonio, entre ellos una niña, Josefa, bautizada en la parroquia de San Vicente el 20 de febrero de 1630, siendo apadrinada por Francisco de Herrera el Viejo. El matrimonio regresa a Portugal con motivo de la restauración de la independencia nacional, pero Josefa permanecerá seis años más en Sevilla junto a su padrino, teniendo así oportunidad de entrar en contacto con el mundo del arte y dar muestras tempranas de unas dotes pictóricas que fue desarrollando de manera autodidacta.

A los catorce años se instala en Óbidos junto a sus padres. A los dieciséis, ingresa en el convento de Santa Ana de Coímbra con la intención, a lo que parece, de profesar. Tres años después recibe el encargo de realizar algunos grabados para una edición de los Estatutos de la Universidad de Coímbra. A estos grabados se deberá su fama inicial.

En 1653 abandonó el convento, por causas que se desconocen, regresando a la casa paterna. Y, cosa completamente inusual para una mujer de su época, decide dedicarse a la pintura. Poco tardarán en lloverle encargos de conventos e iglesias. Hay obras suyas, por ejemplo, en el monasterio de Alcobaça o en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa; así como peticiones para que realice retratos, entre ellos los de la familia real, por los que se hizo muy famosa.

Nos llegaron más de cien de sus obras entre las que merecen destacarse sus cuadros de flores y las naturalezas muertas que forman la serie llamada «de los Meses». En su producción, tanto estilística como temáticamente, se nota una fuerte influencia de Zurbarán matizada por un personal estilo ingenuo.

Faraona Olivieri

Faraona María Magdalena Olivieri, o Pharaonne- Marie- Madeleine, fue una pintora francesa establecida en Madrid.

En 1759, fue admitida cómo académica de mérito por la sección de pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, tras presentar dos retratos de su mano acompañados de una nota de presentación por la que solicitaba el ingreso en la institución.

Escuela Kanō: Kiyohara Yukinobu

Kiyohara Yukinobu, es una pintora japonesa de la Escuela Kanō.

Kiyohara Yukinobu fue una de las primeras, más talentosas y más famosas pintoras japonesas de la prestigiosa escuela Kano (estilo de pintura practicado entre los siglos XV y XIX). Su arte muchas veces describe mujeres históricas y legendarias, así como paisajes de su tierra natal.

Su madre Kuniko era sobrina del maestro Kanō Tannyū. Su padre Kusumi Morikage, discípulo de Kanō Tannyū, era igualmente pintor y participa en su formación y la incita a adoptar un estilo erudito venido de China. En aquella época, así como en Occidente, a las mujeres no se las animaba a convertirse en artistas, y mucho menos profesionalmente. Kusumi alentó a su hija y le dio clases, lo que le permitió tomar lecciones de otros pintores.

Pincelada exquisita, detalle minucioso y un estilo elegante caracterizan su obra. Además de las tonalidades de tinta, aplica una gama delicada de colores que ayuda a identificar las estaciones del año.

Su trabajo cubre una gran variedad de formatos, de pequeños rollos de seda a grandes superficies. Temáticamente, aborda asuntos tradicionales, tales como los paisajes, las flores, los pájaros, las personalidades budistas, etc. Con todo, una parte significativa de su obra se inscribe igualmente en el estilo yamato-y, la cual sobresale también por la producción de numerosas representaciones de mujeres, incluyendo personajes legendarios tales como Murasaki Shikibu.

Kiyohara Yukinobu se convierte en la mujer más sonada de la escuela Kano, una academia pictórica de Kioto conocida por su hostilidad hacia las mujeres. Con todo, muchas de las obras de Yukinobu están firmadas y selladas con su nombre, lo cual sugiere que había obtenido un reconocimiento suficiente como para vender estas producciones a ciudadanos y samuráis, algo excepcional para una mujer de la época.

Barroco: Catherine Duchemin / Catherine Girardon

Catherine Duchemin, (después de su matrimonio Catherine Girardon) fue una pintora francesa, la primera mujer admitida en la Academia.

Hija de Jacques Duchemin, maestro escultor y Elizabeth Hubault, se casó con el escultor François Girardon.

Es la primera mujer admitida en la Real Academia de Pintura y Escultura el 14 de abril de 1663, 15 años después de su creación. Fue aceptada “siguiendo la intención del Rey, quien es difundir su gracia sobre todos aquellos que sobresalen en las artes de la pintura y de Escultura, para compartir con quienes serán juzgados dignos sin tener en cuenta la diferencia de sexo “.

La carrera de Catalina como artista fue muy corta. Fue aceptada en la Academia como pintora de flores, y su pieza de recepción fue una gran pintura de flores. Como mujer, no fue reconocida por sus compañeros. También pintó dos retratos en su vida, una miniatura y un retrato a tamaño natural de Sébastien Bourdon. Aunque nadie sabe la verdadera razón por la que dejó de pintar, muchos creen que estaba cuidando la casa y su familia porque tenía alrededor de 10 niños.

Cuando murió en 1698, fue enterrada en la iglesia de Saint-Landry, ahora destruida, donde su esposo le hizo construir un monumento según sus propios modelos. Hay un fragmento de este monumento, un objeto clasificado como monumento histórico desde 1905, en la iglesia Sainte-Marguerite.

“El sarcófago lleva una gran roca de mármol blanco, sobre la cual se encuentra un Cristo muerto, envuelto en un sudario; Desde la mitad de la roca se alza una gran cruz cubierta por un velo ondulado de viento, y al pie de la cual está de rodillas una Madre del dolor, lamentando la pérdida de su hijo. (…) [un niño ángel] llora, considerando las uñas que atravesaron las manos de Jesús. Un grupo de niños ángeles vuelan a Cristo y se quejan de su situación. Otro grupo de dos niños vuela en el aire; Parecen adorar la cruz. Todas estas figuras son de mármol blanco, de tamaño natural y llenas de expresión, y colocadas sobre un fondo enorme de mármol Languedoc enmarcado por mármol negro de Flandes. Esta magnífica tumba, que Girardon había erigido en honor de su esposa, fue ejecutada, según sus dibujos y modelos, por Nourisson y Le Lorrain, sus alumnos “.

Maria van Pruyssen

Maria van Pruyssen fue una pintora que vivía en Delft, según Kloek. Su padre Lambert van Pruyssen era escultor en marfil, de Haarlem.

Las pintoras femeninas no estaban inscritas en el Gremio, pero sí desempeñaron un papel en la producción de pinturas en el rango de precios más bajo, de hasta unos pocos florines por pieza. También fueron empleadas para vender estas u otras pinturas en la calle. Pintoras conocidas en Delft son Cornelia de Rijck, Maria van Oosterwyck y su asistente Geertje Pieters.

Barroco: Maria van Oosterwijk

En el siglo XVII fueron excepcionales los casos de mujeres que sin provenir de una familia de artistas se dedicaron profesionalmente a la pintura.

Maria van Oosterwijk fue una pintora neerlandesa barroca especializada en naturalezas muertas. Fue alentada en esta actividad por su padre, un ministro predicador de la Reforma holandesa. María Van Oosterwyck, quien, junto a Cornelia de Rijck y María van Pruyssen, tuvo un rol importante en la pintura holandesa, a pesar de que ninguna fue aceptada en el sindicato de pintores. Los sindicatos de pintores de la época generalmente no permitían la afiliación de mujeres, con todo las empleaban en la producción de pinturas de bajo precio. Algunas vendían sus obras en la calle. A pesar de que María llegó a pintar en un nivel profesional, ganando más de 100 florines por pintura, solo fue considerada “ amateur bien pagada” por el gremio. Pero a pesar de su éxito, no la dejaban unirse al gremio artístico por ser mujer.

Como mujer dedicada profesionalmente a la pintura, tuvo que enfrentar el problema de conseguir un asistente, ya que los jóvenes preferían ser ayudantes de pintores hombres y a pocas mujeres les permitía su familia realizar este tipo de tareas. Fue así que María entrenó a su criada de labores domésticos, Geertgen Wyntges, en la preparación de las pinturas y luego también le enseñó a pintar. Más tarde, Geertje llegó a vender sus propias pinturas en las calles.

María es más conocida por sus pinturas de temas florales, pero también incursionó en una clase particular de bodegón denominada Vanitas (Vanidad), muy común en la época barroca y especialmente en Holanda, que incluye objetos de alto valor simbólico.

Así como Rachel Ruysch, sus flores son exóticas y muestran insectos y reflejos de su rostro. Como la pintora Clara Peeters, María presentaba a veces su autorretrato reflejado en alguno objeto la manera de firma. Sus bodegones contienen monedas, instrumentos musicales, vasos, insectos, frutas y flores. Sus arreglos se sitúan sobre un fondo oscuro que contrasta con el colorido brillante de las flores, que incluyen generalmente tulipanes y algún girasol en el alto de la composición.

Entre los clientes de esta artista figuraron Luis XVI, quien compró una de sus pinturas con motivos florales, el emperador Leopoldo, el Rey de Polonia y William III de Inglaterra.

María permaneció activa en la pintura hasta el año de su muerte en 1693, a los 63 años, y aun así su producción no fue muy extensa debido a la complejidad de sus trabajos y a su manera de pintar muy lenta y detallada.

Barroco: Mary Beale

Mary Beale fue una pintora inglesa de retratos y una de las retratistas más importantes del siglo XVII en Inglaterra. Fue reconocida como la primera pintora profesional inglesa.

Su padre y su marido fueron pintores aficionados, y su padre fue miembro del Gremio de Pintores Tintoreros de Inglaterra, y estaba familiarizado con artistas locales. Ella se convirtió en retratista casi profesional en las décadas de 1650 y 1660, trabajando desde su casa.

La familia de Mary Beale se trasladó a una granja en Allbrook (Hampshire) en 1665 debido a las dificultades financieras (su marido perdió su empleo como empleado de patentes) y también debido a la Gran Plaga de Londres. Vivió los siguientes cinco años en un aserradero de madera que adaptó como vivienda para su familia y como estudio de pintura.

Regresó a Londres en 1670 y estableció su estudio en Pall Mall, donde su marido trabajó como su asistente, mezclando pinturas y llevando sus cuentas. La empresa fue un éxito y el matrimonio hizo un círculo de amigos destacados de la época, incluidos el poeta Thomas Flatman, Samuel Woodford, el Arzobispo de Canterbury John Tillotson y los obispos Edward Stillingfleet y Gilbert Burnet. Mary Beale se reencontró con Peter Lely, quien era ahora Miembro del Tribunal de Justicia y artista exclusivo de Carlos II de Inglaterra. Su trabajo posterior estuvo fuertemente influido por Lely, en especial sus retratos suelen ser copias o miniaturas de las obras de Lely.

Los problemas económicos de la familia no se solucionaron a pesar de la popularidad de Mary como retratista debido los grandes egresos en la compra de insumos y obras de arte y los gastos que implicaba atender a sus numerosos invitados y patrocinadores. En los últimos años de su carrera la pintora experimentó con soportes más económicos, que incluían bolsas de cebollas, por ejemplo, y Charles realizó un detallado registro de estos experimentos y del resultado obtenido con los nuevos soportes e imprimaciones.

El estilo de retrato de Corte comenzó a perder popularidad y la clientela de Mary se redujo considerablemente hacia 1680, viendo reducidos sus encargos a un promedio de 39 anuales. En el tiempo que no trabaja en algun encargo, Mary practicaba realizando pequeños estudios. Utilizó varias técnicas, que incluían el óleo, la acuarela y los pasteles. Trabajó hasta el año de su muerte, en 1699.

Barroco: Artemisia Gentileschi

Artemisia Gentileschi fue una pintora caravaggista italiana, hija de uno de los grandes representantes de la escuela romana de Caravaggio.

Artemisia fue introducida a la pintura en el taller de su padre, mostrando más talento que sus hermanos, que trabajaron junto a ella. Aprendió dibujo, cómo empastar los colores y dar brillantez a los cuadros. Tomó de su padre, el rigor del dibujo, dándole una fuerte acentuación dramática, tomada de las obras de Caravaggio, cargada de efectos teatrales.

Artemisia Gentileschi está considerada cómo una de los primeros pintores barrocos, de los más completos de su generación, imponiéndose por su arte en una época en la que las mujeres pintoras no eran aceptadas fácilmente. Pintó cuadros históricos y religiosos en un momento en que estos temas heroicos eran considerados inadecuados para el espíritu femenino.

Firmó a los diecisiete años su primera obra: Susana y los viejos. El cuadro muestra cómo Artemisia había asimilado el realismo de Caravaggio sin permanecer indiferente al lenguaje de la escuela de Bolonia.


Dado que el acceso a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes era exclusivamente masculino, y por tanto le estaba prohibido, su padre le dio un preceptor privado, Agostino Tassi.

Un escándalo marcó su vida. Tassi la violó. Al principio, él prometió salvar su reputación casándose con ella, pero más tarde renegó de su promesa, pues ya estaba casado, y Orazio lo denunció ante el tribunal papal.

Del proceso que siguió se conserva documentación exhaustiva, que impresiona por la crudeza del relato de Artemisia y por los métodos inquisitoriales del tribunal. Artemisia fue torturada. De esta manera se pretendía verificar la veracidad de sus acusaciones, pues se creía que si una persona dice lo misma bajo tortura que sin ella, la historia debe ser cierta. Los actas del proceso influyeron grandemente en la lectura en clave feminista, dada en la segunda mitad del siglo XX, a la figura de Artemisia Gentileschi.

La pintura Judith decapitando la Holofernes impresiona por la violencia de la escena que representa, y fue interpretada como un deseo de venganza respeto de la violencia que ella había sufrido. Artemisia pone sus mismos trazos en el rostro de Judith, atribuyendo la Holofernes los de Tassi. La oscuridad y gráfica violencia de esta obra y la frialdad con que Judith decapita la Holofernes, se atribuyen a su violación y al proceso humillante que le siguió.

Se suele entender que en las telas de Artemisia, los trazos faciales de las hermosas y enérgicas heroínas que allí aparecen tienen un parecido al rostro que aparece en sus retratos o autorretratos: el que le encargaba cuadros deseaba tener una imagen que le recordara visualmente a la autora, cuya fama iba creciendo. 

Artemisia fue la primera mujer de la historia que se inscribe en la legendaria Academia del Dibujo bajo el influjo y amistad de Galileo Galilei.

En el centro de Nápoles abre un taller en el que trabajan una docena de ayudantes y aprendices y durante 20 años forma a los mejores pintores. Mientras sus coetáneos pintaban iglesias y capillas, Artemisia trabajó sobre todo para coleccionistas privados. Sus numerosas cartas y facturas testimonian que fue una de las firmas más cotizadas de su tiempo. Los aristócratas se rifaban sus cuadros, casi todos de figuras femeninas, muchas veces desnudas y siempre llenas de fuerza.

Ma Shouzhen

Ma Shouzhen, también conocida por su nombre de cortesía Ma Xianglan (que significa “Orquídea del Río Xiang”) y su seudónimo Yuejiao (“Belleza Lunar”), fue una cortesana y artista china nacida en Nankín a finales de la Dinastía Ming. Fue una renombrada pintora, poetisa, y compositora. Recibió el nombre Xianglan porque la mayoría de sus pinturas eran de orquídeas.

Ma nació en Nankín, y vivía en el distrito del placer a lo largo del río Qinhuai.​ Como matriarca en la sociedad de las cortesanas, fomentó la educación y entrenamiento de las cortesanas en las artes. Para mantener su reputación como cortesana de élite, solo dejaba entrar intelectuales o jóvenes señores estudiantes dentro de su residencia.

A finales de la dinastía Ming, las cortesanas de élite desafiaron los estereotipos de género de los valores confucianos. En contraste con las mujeres de la nobleza, que a menudo se abstenían de cultivar cualquier talento para no socavar su virtud como esposas y madres, las cortesanas eran educadas en pintura, poesía, y música. Además, poseían propiedades y participaban en la escena pública.

A los quince años, Ma Shouzhen empezó a ejercer formalmente como cortesana. Antes de esto, puede haber recibido educación de un propietario durante su niñez. Entonces era habitual que las familias más pobres vendieran hijas a los burdeles e hijos a las escuelas de teatro. Como cortesana líder, se hizo amiga de muchos poetas e intelectuales. Los poetas escribían poemas inspirados en ella o para ella, describiendo a Ma como una belleza con una personalidad cálida y acogedora. Durante sus visitas, Ma Shouzhen se unía a ellos haciendo pinturas, poemas, y juegos. También organizaba fiestas y veladas en su casa-barco de varios pisos con los literati como sus invitados.

Como pintora, Ma Shouzhen es muy conocida por sus paisajes, orquídeas, e imágenes de bambúes combinadas con caligrafía. Su trabajo a pincel es delicado, y las imágenes tienen pocos colores ligeramente aplicados o son monocromáticas. Sus formatos de pintura preferidos incluyen abanicos, rollos de mano, y rollos colgantes. Junto con la pintura, Ma era experta en escribir poesía y componer obras, aun así, algunas de sus obras se han perdido con el tiempo.

Maniernismo: Marietta Robusti, ‘La Tintoretta’

La historia de la pintora Marietta Robusti es la misma que la de muchas otras mujeres artistas que, en su tiempo, tuvieron muchas dificultades para demostrar su talento y conseguir vivir de su arte. Hijas, hermanas o familiares de artistas, esas pintoras tenaces solo pudieron pintar a la sombra de sus protectores. Con el tiempo se descubrió que obras atribuidas a pintores de renombre fueron realizadas por estas mujeres. La Tintoretta es uno de los casos menos conocidos porque aún a día de hoy hay muy pocas obras atribuidas a ella.

Aprendió a pintar en el taller de su padre. Hija y seguidora de Jacopo Robusti Tintoretto, fue conocida en su tiempo como “ buona ritrattista” dentro y fuera de Venecia.

Jacopo encontró en su hija preferida a una alumna aplicada. Vestida de hombre para poder moverse con más libertad en los círculos artísticos, Marietta aprendió de su padre las técnicas pictóricas y pronto se convirtió en una artista conocida entre la aristocracia veneciana a la que deleitaba con hermosos retratos y la apodó con el nombre de la Tintoretta. Hay indicios de una importante colaboración en obras firmadas por su padre.

Víctima de su época, Marietta nunca recibió encargos públicos que le permitieran demostrar su valía como artista. Se especializó en pinturas de pequeño formato, principalmente retratos de uso privado. En el Museo del Prado se conserva un retrato de dama.

Su humilde fama llegó a traspasar las fronteras de su pequeño universo veneciano en el que su padre la protegía con gran celo. El emperador Maximiliano o el rey español Felipe II alabaron su obra y requirieron sus servicios como pintora de cámara. Pero su padre no consintió nunca que su hija se alejara de su lado. Incluso a la hora de casar, Jacopo solamente aceptó a un joyero veneciano llamado Mario Augusti, pues fue el único que consintió en vivir en la casa familiar de los Robusti.

Barroco: Louise Moillon

Louise Moillon fue una pintora francesa especializada en bodegones.

Nacida en París, en el año 1610, fue hija de un pintor de paisajes y retratos llamado Nicolas Moillon que se dedicaba también al comercio de cuadros en la feria de Saint-Germain-des- Prés, la cual contaba también con un gremio de pintores donde acudían artistas holandeses. 


Muerto su padre, su madre contrajo nuevo matrimonio un año más tarde con un pintor de naturalezas muertas y marchante de pintura, con quien se formó Louise junto con su hermano Isaac, también pintor.

Con una evidente influencia de la pintura holandesa y flamenca, aunque empleando una gama de colores más reducida, sus motivos más frecuentes son los frutales, generalmente en pequeño número y analizados con rusticidad. Corresponden a esta etapa la mayor parte de los alrededor de cuarenta bodegones de su mano que se conocen en la actualidad. 

Sus obras presentan gran influencia de Jacques Linard en el estilo, la composición y los temas. También se notaron coincidencias entre su pintura y la de René Nourisson. 

Los bodegones de Louise Moillon no son tan sofisticados como los que realizaban los artistas holandeses; los de ella presentan una estética más sosegada y silenciosa. En sus composiciones despliega frutas y hortalizas sobre una mesa, dispuestas sobre canastas o recipientes de fina porcelana, con gran precisión en el detalle. Los elementos están tomados desde un punto de vista elevado. Sus obras presentan notorios cambios en el transcurso de su desarrollo. Al principio, las composiciones eran simétricas y sencillas, con los objetos separados y con una iluminación uniforme. En sus trabajos de 1637 los elementos están colocados en forma superpuesta de manera más natural, la riqueza del colorido es mayor, sobre todo en las tonalidades verdes, y la luz es más focalizada. Sus últimos trabajos presentan una merma en la destreza y la sensibilidad estética.

Louise Moillon también realizó cuadros con flores y frutas y en algunos incluyó la figura humana, como es el caso de “La vendedora de frutas y legumbres”, datado en 1630. Se dice que este cuadro, que muestra dos mujeres, la de la izquierda de clase social elevada y a la derecha una joven vendedora, esconde un mensaje moral en el simbolismo de sus elementos. La manzana que sostiene la dama compradora en una mano representa la fruta del Árbol del conocimiento del Bien y del Mal en el Génesis. El mismo personaje destapa con la otra mano los albaricoques, que simbolizan el sexo femenino. Los albaricoques, las ciruelas y espárragos se relacionan con los placeres de los sentidos. Las uvas y guindas son símbolos de Cristo, las frutillas, primeras frutas de la primavera, representan la Resurrección. También pueden verse cáscaras de manzana enroscadas en la mesa, con algunas moscas, que representan la corrupción. En conjunto, se dice que esta obra expone al espectador el tema de la elección entre el bien y el mal.

La mayor parte de la obra de Louise Moillon está datada entre 1629 y 1637, con excepción de una obra de 1641 realizada conjuntamente con Pieter van Boekel y Jacques Linard (una pintura de grandes dimensiones con frutas y flores, segundo mencionara el poeta Georges de Scudéry) y otros trabajos que datan de 1674. La madre de Louise registró un inventario de sus obras en el que figuran veintidós, nueve de ellas inacabadas, como si se tratara de bocetos. 

Durante su carrera artística Louise tuvo encargos de importantes miembros de la nobleza. Uno de sus compradores más importantes fue el rey Carlos I de Inglaterra. 

Hoy sus pinturas se encuentran en colecciones de varios países, como Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, España y Francia. La reina Isabel II de Inglaterra posee cuatro pinturas de esta artista en su colección.

Barroco: Fede Galizia

Fede Galizia fue una pintora italiana del barroco, pionera del género del bodegón. Su padre fue un pintor de miniaturas. De él aprendió Fede a pintar. 

Fede Galizia es junto con Sofonisba Anguissola uno de los mejores ejemplos de mujeres artistas en la Italia de la Contrarreforma. Su nombre está asociado principalmente al género de la Naturaleza Muerta, o bodegón y al surgimiento de este género pictórico en los focos italianos, pero también realizará retratos y obras de temática religiosa. Como la mayoría de sus contemporáneas artistas, la formación le viene dentro del ámbito familiar, ya que su padre Nunzio Galizia, era pintor de miniaturas. Su caso es así similar a otros nombres como Lavinia Fontana o Marietta Robusti que también se formaron en el taller familiar junto con los otros aprendices y oficiales.

Cuando Fede estuvo preparada y establecida como pintora de retratos, comenzó a recibir muchos encargos. Las obras de Galizia destacaban por profundizar en el detallismo y la minuciosidad a la hora de reflejar en sus obras los objetos más simples, como frutas o bodegones, gracias a la influencia de las miniaturas de su padre en su desarrollo como pintora. Su tratamiento de las joyas y el atuendo la convirtieron en una retratista muy buscada. También se dedicó a la pintura religiosa y profana.

A la edad de doce años ya fue reconocido su talento como artista por el pintor y teórico del arte Giovanni Paolo Lomazzo, amigo de su padre, quien se refiere a ella con estas palabras: “esta joven se dedica a imitar a nuestro más extraordinario arte”.  Prueba de estas palabras de Lomazzo, se ha conservado una copia suya de la Oración en el huerto de Antonio Correggio. En la formación de las pintoras, ante la imposibilidad de poder estudiar las figuras del natural, cobraba una especial relevancia el estudio de los grandes maestros y la realización de copias de ellos como medio para aprender anatomías y composición de figuras. La dificultad de poder estudiar las anatomías hizo que muchas mujeres acabaran dedicándose al género de la Naturaleza Muerta o Bodegón, como ocurrirá con Clara Peeters.

El estilo de sus retratos deriva de las tradiciones naturalísticas del Renacimiento italiano, con una aproximación muy realista. El estilo de retrato de Fede Galizia resulta muy evidente en su Retrato del jesuita Paolo Morgia, fechado en 1596, es su primera obra conocida que perdura y fue pintada por la artista cuando tenía dieciocho años. En esta pintura, el estudioso milanés, que fue uno de sus primeros admiradores y patrocinadores, está representado en el momento en que escribe una poesía dedicada a la artista; la letra es perfectamente legible en el papel que se apoya sobre el volumen de su obra más famosa, la “Nobilità di Milano”. En sus lentes se refleja la habitación en la que se encuentra, reforzando la ilusión de veracidad. El realismo del rostro, que tiene un fuerte sentido psicológico, ha sido comparado con los retratos de Giambattista Moroni y de su maestro Lorenzo Lotto, además de tener una semejanza con el de los pintores del norte europeo. Se sabe que realizó un retrato anterior de Morigia en 1595, pero lamentablemente este se ha perdido. 

Su estilo tiene un enfoque marcadamente realista, vinculado con el manierismo lombardo de fines del siglo XVI, dentro de la tradición naturalista del Renacimiento italiano. Es probable que la influencia de su padre como miniaturista haya determinado la minuciosa atención al detalle en sus retratos, que demuestra también en la perfecta imitación de ropajes y joyas. Tuvo encargos tanto de obras sobre temas religiosos como profanos. Sus representaciones de Judith y Holofernes se encuentran en varias colecciones privadas. Sus bodegones son extremadamente detallados y muy diferentes de los trabajos de su padre: usó colores más vibrantes y detallados. Casi todos sus trabajos de este género incluyen bandejas de frutas, con un tratamiento bien proporcionado que por lo general muestran un mismo tipo de fruta en una canasta o bandeja, con unas pocas caídas alrededor. Algunas incluyen flores frescas u otras especies como forma de marcar un contraste relevante de forma y color, por ejemplo en su Bodegón con duraznos y una porcelana y un cuenco.

Fede Galizia recibió además varios encargos públicos para iglesias. Fede Galizia pintó retratos, miniaturas y retablos, pero la artista se interesó primordialmente en pintar bodegones, un género en el que fue pionera y alcanzó excelentes resultados. Sus bodegones son su obra más importante, por la que ganó un lugar en la historia del arte.

Entre las piezas más sobresalientes de Fede Galizia está el retrato doble que realizó en 1606 junto con su padre, la Alegoría celebrativa de Jacopo Menochio y Margherita Candiani. En esta obra además de los dos retratos ovales, que serían obra de Fede, su padre Nunzio se encargaría de la fantástica ornamentación de elementos decorativos a modo de trampantojo.

Su obra fue conocida y valorada por sus contemporáneos, pues sabemos por la documentación de la época que la pintora milanesa realizó retratos ovales de la reina de España, Margarita de Austria, esposa de Felipe III, y de la Infanta Isabel Clara Eugenia. Seguramente se tratarían de pinturas de pequeño formato o miniaturas que pertenecieron al cardenal Cinzio Passeri Aldobrandini, cardenal nepote del Papa Clemente VIII (1595-1605). Y es que los óleos de Fede Galizia estuvieron presentes en algunas de las colecciones milanesas contemporáneas más importantes como eran las de Federico Borromeo, que tan importante fue para el desarrollo del arte contrarreformístico, y la de Manfredo Settala, quien fue director de la Academa de Artes de Milán.

En su época, esta pintora fue más apreciada por sus retratos y obras de temas religiosos que por sus naturalezas muertas –que no son mencionadas en muchas fuentes de ese tiempo- aunque la mayor parte de sus obras que han sobrevivido son las de este género, a través del cual ha ganado un lugar en la historia del arte. Uno de sus bodegones, fechado en 1602, es considerado el primero en ser firmado por un artista italiano. Su trabajo refleja influencias de obras como “Canasta de frutas” de Caravaggio. En la composición, se aleja de la exhuberancia propia del período de la Contra Reforma, caracterizándose por una austeridad y simpleza similar a la de las obras de Francisco de Zurbarán. Su estilo tiene un colorido vibrante y un muy logrado realismo, extremadamente detallista, admirable en la imitación de texturas y materiales. Muestra un equilibrio perfecto de luz y sombra, figuras y fondo, evitando la aglomeración de elementos. Generalmente, en sus obras dispone un tipo de frutas (peras, duraznos) en un recipiente y unas pocas esparcidas en la mesa, a veces con algunas flores. Fue particularmente buena en crear espacios acogedores en sus pinturas, en composiciones equilibradas y poco cargadas. 

Sus pinturas no ganaron el merecido reconocimiento hasta bien entrado el siglo XX, a través de estudios efectuados a partir de la década de 1960, su obra fue rescatada del olvido.

Los bodegones de Galizia están entre los primeros ejemplos de pintura en un género en el que una mujer, en parte por estar excluida de otros tipos de obras, alcanzó la excelencia.

Uno de los rasgos más definitorios de las obras de Fede Galizia, que le ayudarán a lograr estatus y consideración social, será su firma con inscripciones latinas, dando por un lado conocimiento de su formación y por otro reivindicando su personalidad artística. Gracias a ello, sus obras no han acabado siendo atribuidas a sus contemporáneos varones como ha venido ocurriendo con otras pintoras como la citada Sofonisba Anguissola.

Su trabajo influenció a artistas como Panfilo Nuvolone y Giovanna Garzoni, y será tomado posteriormente como modelo en la pintura moderna de este género.

El tratamiento estético de sus bodegones no se vería nuevamente hasta bien avanzado el siglo XVI, e incluso la percepción de los modernos bodegones se basa principalmente en su obra. Muchas de las obras actuales del género muestran directamente la influencia de sus ideas originales. Actualmente no se sabe a ciencia cierta cuántas obras pintó, ya que muchas de sus posibles obras han sido atribuidas a su contraparte masculina, Panfilo Nuvolone, que tomó significativa inspiración de ella.

Manierismo: Lucia Anguissola

Lucia Anguissola, fue una pintora manierista italiana.

Tercera de las seis hijas de Bianca Ponzone y Amilcare Anguissola, miembro de la baja nobleza genovesa, como sus hermanas Sofonisba -a más célebre de ellas y quizá su maestra- Anna Maria, Minerva, Elena y Europa, recibió una esmerada educación, incluyendo el estudio del latín y de la pintura a la que se dedicaron en mayor o menor grado todas las hermanas. 

Como su hermana y maestra Sofonisba, se especializó en el retrato. Lucia murió joven. Cuando Vasari visitó Cremona en 1568 ya había fallecido. En su visita a la familia Vasari pudo ver dos retratos pintados por ella que citaba elogiosamente. Uno de ellos, lo de Pietro Manna, médico de Cremona, es el ahora conservado en el Museo del Prado, con una inscripción en el brazo del sillón: « LVCIA ANGVISOLA AMILCARIS / F. ADOLESCENS. F.» Además se consideran de su mano una Virgen con el Niño antiguamente en el Palazzo Viti de Volterra, un supuesto autorretrato de medio cuerpo en el Castello Sforzesco de Milán, y un retrato de dama, en Roma, Galería Borghese, en ocasiones tenido por autorretrato o por retrato de Sofonisba o incluso de la madre de las artista. Otros dos retratos, en el Museo Tosio Martinengo de Brescia y en el Museo Poldi Pezzoli de Milán se relacionaron también con Lucía o con su hermana Minerva.

Barroco: Lavinia Fontana

Lavinia Fontana fue una pintora italiana que está encuadrada dentro del último renacimiento o primer barroco. Ya desde muy joven Lavinia se hizo un nombre como pintora de pequeñas obras de gabinete, principalmente retratos.


Lavinia Fontana nació en 1552 en Bologna, ciudad de Italia que se destacaba por su progresismo, y una prueba de eso es que su universidad aceptó a mujeres estudiantes desde el siglo XIII. La artista fue contemporánea de los hermanos Carracci, -líderes de la escena artística bolognesa con su academia de postulados clásicos opuestos al Manierismo y al naturalismo de Caravaggio- a quien se unió posteriormente Guido Reni y Domenico Zampieri.

Lavinia recibió de su padre Prospero Fontana las primeras enseñanzas en la pintura, algo que ocurría frecuentemente con los hijos hombres y no así con las mujeres. Sus primeras obras denotan la influencia paterna, pero paulatinamente fue acercándose al estilo de su amigo Ludovico Carracci, con los colores fuertes características de la escuela veneciana. También fue influenciada por Antonio Allegri Correggio y Scipione Pulzone.

La pintora adquirió fama en Bologna en sus primeros años de trabajo y esta se extendió luego por Italia. Fue conocida por sus pinturas de retratos de la clase alta bolognesa, que fueron muy bien pagados. Sus modelos se ven posando en forma natural y se destaca su maestría en la pintura de ropajes y joyas. El retrato de la familia Gozzadini (1584) se encuentra entre sus obras más importantes.

Lavinia se casó con un pintor de origen noble, a quien conoció en el estudio de su padre. Este fue un matrimonio fuera de lo común, ya que su marido abandonó su carrera artística para ocuparse de las cuestiones hogareñas y el cuidado de los once hijos que tuvo la pareja, mientras Lavinia mantenía a su familia con la pintura.  Paolo ayudaba también a pintar los fondos en las obras de su mujer.

Un hecho realmente destacable es que Lavinia llegó a pintar desnudos tanto femeninos comoy masculinos en pinturas religiosas y mitológicas de grandes formatos y recibió encargos públicos y privados, algo inédito para una mujer hasta ese momento. En 1589 recibió el encargo de elaborar pinturas sagradas para la iglesia del Palacio Real español, trabajo que incluía estudios de modelos desnudos. La obra, titulada Familia Sacra, fue tan exitosa que motivó que contrataran a la artista en la iglesia de Santa Sabina en Roma.

En 1603 Lavinia se mudó permanentemente a Roma con su familia, donde fue elegida pintora oficial de la corte del Papa Clemente VIII y tuvo el mecenazgo de los Buoncompagni. También fue distinguida como miembro de la Academia Romana. Su prime encargo importante fue una pintura de gran formato para el altar de la Basílica de San Paolo Fuori lle Mura, que lamentablemente un incendio destruyó en el año 1823. En Roma, el papa Paolo V en persona estuvo entre sus modelos.

Lavinia fue una mujer adinerada y utilizó parte de su fortuna en una colección de antigüedades. Su importancia fue tal que se acuñó una medalla en su honor en el año 1611, realizada por el escultor Felice Antonio Cassoni, que la muestra de perfil en una cara, y en la otra frente a su caballete.

María Angélica Razzi

María Angélica Razzi fue una monja y escultora italiana del siglo XVI en Santa Caterina da Siena en Florencia. Trabajó principalmente en barro para hacer figuras de terracota devocionales.

La historiadora del arte, Catherine Turrill, sospecha que Razzi pudo haber sido una artista activa en 1560. Si bien no hay registros sobrevivientes en el convento que lo afirmen, su hermano Serafino Razzi escribió que creó figuras de terracota de la Virgen, los santos y los ángeles. Una de sus figuras fue creada para la capilla del rosario en San Domenico en Perugia, y otra, Madonna and Child, fue hecha para la sacristía de San Marco.

Barroco: Lucrina Fetti

El ingreso en los conventos de mujeres con cualidades para el arte, o que tenían parientes artistas, no era un hecho extraordinario en la época de la Contrarreforma. Las monjas pintoras no solo podían embellecer el convento con sus obras; también podían proveer ingresos a la institución con la realización de sus encargos. Tal fue el caso de una pintora manierista nacida bajo el nombre de Giustina Fetti, quien al ingresar a la orden del Convento franciscano de Sant’ Orsola de Mantua, el 3 de diciembre de 1614, tomó el nombre de Sor Lucrina Fetti. Su fecha de nacimiento está calculada, basándose en ese dato, cerca del año 1590. Su padre fue un pintor poco conocido llamado Pietro Fetti y su hermano Domenico también fue pintor.

Lucrina vivió su infancia en Roma, y es probable que recibiera su educación artística de su hermano Domenico, quien fue invitado a pintar en la corte del duque Ferdinando I Gonzaga en Mantua, donde fue acompañado por ella. El duque aportó la dote para que la pintora pudiera ingresar al convento de Sant’ Orsola. Tras de la partida de su padre a Venecia en 1622, Lucrina se dedicó a la actividad artística por completo. Trabajó en el estudio de su hermano, pintó retratos de la familia Gonzaga y se dedicó especialmente a la representación de temas religiosos para el convento. En los retratos femeninos de la familia Gonzaga se destacó en la elaboración de los suntuosos vestidos de brocado, enriquecidos con finas joyas.

Es característica la postura en tres cuartos de las modelos, y sus rostros son realistas, aunque sin llegar a indagar en la expresión al punto de hundirse en la psicología de los personajes, como puede verse en otras obras del período barroco.

Aunque Lucrina no tuvo las mismas oportunidades para estudiar la figura humana que su hermano Domenico, su pintura demuestra que ella pudo aprender a través de la atenta observación. Sus obras religiosas se circunscriben la un manierismo tardío y muestran una teatralidad emotiva acorde con el espíritu de la contrarreforma religiosa.

Barroco: Margarita Caffi

Fue una pintora barroca italiana especializada en la pintura de bodegones de flores y frutas. Parece constatarse que fue hija de un pintor de naturalezas muertas llamado Vincenzo Voló. El apellido Caffi sería su apellido de casada al desposarse con Francesco Caffi, también artista y especializado en la pintura de flores y diseño de tapices.

Desarrolló su abundante actividad entre Lombardía y el Véneto, desde donde trabajó para los grandes duques de Toscana, los archiduques del Tirol y la corte española, siendo aquí muy estimada como demuestran las menciones en antiguos inventarios y la influencia ejercida sobre pintores como Bartolomé Pérez de la Dehesa junto con las numerosas obras conservadas en museos y colecciones españolas (Museo del Prado, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Fundación Santamarca, entre otras).

Se consagró fundamentalmente a la pintura de flores. Sus composiciones se caracterizan por el predominio cromático del azul y el carmín, así como por el contraste entre manchas de blanco brillante contra los fondos sumidos en ­penumbra. Utiliza en escasas ocasiones los fondos paisajísticos como ambientación de sus naturalezas muertas. Los ramos de flores suelen disponerse en dos grupos de diferentes tamaños y de forma irregular, que otorgan cierto movimiento a la composición. No parece manifestar una intención científica a la hora de describir las flores, a diferencia de sus contemporáneos nord­europeos, pues llega incluso a inventarse especies de flores al antojo de su imaginación.

Aunque debió de conocer modelos flamencos, desarrolló un estilo propio, de pincelada ligera y toques vibrantes sobre fondos sombríos, sobre los que destacan, ligeramente descentrados, sus ricos floreros. Los últimos años de su vida los pasó en Milán, donde creó una rica escuela de naturalezas muertas.

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