Neoclasicismo: María Josefa Carón, Académica de Mérito na Real Academia de San Fernando

María Josefa Carón fue una pintora española que llegó a ser nominada Académica de Mérito en 1761 en la Real Academia de San Fernando.

A mediados del siglo XVIII, era bastante usual que muchas damas aristocráticas practicaron actividades artísticas como entretenimiento. Esto hizo que cuando en 1752 se instaura la Real Academia de San Fernando con Antón Rafael Mengs, muchas de estas aristócratas entraron a formar parte de la Academia consiguiendo en muchos casos el título de “Académica de mérito”, título que no era equiparable a lo que recibían los hombres ni en calidad, ni en prestigio. María Josefa Carón fue una de estas damas que pasó a ser nombrada en 1761 “Académica de mérito”.

No se puede perder de vista las limitaciones que la educación artística de las mujeres sufría en esta época, en la que las artistas no podían asistir a las clases de dibujo de desnudo en la academia, ni a otras clases de aprendizaje de técnicas artísticas, ya que tan sólo se les permitía realizar temas considerados “femeninos”, para evitar cualquier transgresión de las normas sociales y morales de la sociedad del momento.

Entre las obras de María Josefa Carón destaca el retrato de Don Diego Villanueva. Que se encuentra en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Marie-Geneviève Navarre

Marie- Geneviève Navarre fue una pintora francesa. Se sabe poco de su vida, estuvo activa entre los años 1762 y 1776. Se especializó en retratos al pastel. En la colección permanente del Museo Nacional de Mujeres Artistas, en Washington, se conserva su «Retrato de una mujer joven», de 1774.

Bárbara María Hueva

Bárbara María Hueva fue una pintora española, designada académica supernumeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al constituirse esta en 1752.

En el solemne acto de apertura de la Real Academia de Bellas Artes presidido por su protector, José de Carvajal y Lancaster, se leyó un memorial de Bárbara Hueva, doncella de diecinueve años de edad, por lo que solicitaba el título de Académica, aunque, para suplir la personal assistencia a los estudios, que le impedía la modestia de su sexo, presentó, por prueba de su aplicación, y habilidad, varios dibujos, los que halló la Academia tan bien trabajados, que no dudó concederle luego el grado, que solicitaba: el que publicó el Señor Vice-Protector en esta forma:

«Señores. Los Dibujos que se acaban de ver, descubren tanto adelantamiento en su Authora, que aún sin valerse de los privilegios del sexo, la concede la Academia, por su mérito, el honroso título de Académica, esperando que con él aspire al celebrado nombre de otras insignes Professoras».

Según Ceán Bermúdez, que recoge la anterior información, el suyo fue el primero título concedido por la Real Academia de Bellas Artes tras su creación. No se tienen otras noticias hasta la información, recogida en acta de la junta particular de la Academia celebrada el 11 de febrero de 1770, en la que se indicaba que la académica, tras enviudar, había sido admitida cómo religiosa en el convento de Santa Clara de Toledo. La propia Academia contribuyó con cuatro mil reales para completar la dote, considerando que era muy propio de la Academia y «en cierto modo promover la aplicación de las Artes», ayudar a que «tenga efecto la vocación de la pretendiente».

María del Pilar Ana de Silva-Bazán e Sarmiento

María del Pilar Ana de Silva-Bazán y Sarmiento, también conocida cómo Mariana de Silva- Meneses y Sarmiento de Sotomayor, fue una figura aristócrata, escritora, pintora y traductora española del siglo XVIII.

Es recordada por ser un curioso ejemplo de ambidiestra, al ser capaz de escribir y pintar con ambas manos. Escribió obras poéticas, y tradujo algunas tragedias del francés, realizando también pinturas de mérito segundo sus panegiristas, aunque no se conservaron ni sus trabajos literarios ni los pictóricos que permitan comprobarlo. El 20 de julio de 1766 fue nominada académica de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, de la que llegó a ser directora honoraria. También fue socia de la Academia Imperial de San Petersburgo.

Neoclasicismo: Angelica Katharina Kauffman

Maria Anna Angelika/ Angelica Katharina Kauffmann fue una pintora suizo- austriaca.

Su padre era pobre y un pintor bastante mediocre, pero aparentemente muy bueno enseñando a su precoz hija. Pronto aprendió varios idiomas, leía incesantemente, y mostraba un destacado talento como música. Pero su mayor progreso era en pintura; y al cumplir los doce años se hizo famosa, de tal manera que obispos y nobles posaban para ella.

En agosto de 1764 Johan Winckelmann escribió desde Roma a su amigo Franke mencionando la excepcional popularidad de la pintora. Estaba entonces Angelica pintando su retrato, de medio cuerpo, del que también hizo un aguafuerte. Hablaba italiano, además de alemán, dice Winckelmann; e igualmente se expresaba con facilidad en francés e inglés, y como resultado de esto último, era una retratista popular entre los ingleses que visitaban Roma.

Sus mejores trabajos eran los de pintura de historia, la categoría más lucrativa dentro de la pintura académica del siglo XVIII. Bajo la dirección de Reynolds, la Academia hizo un gran esfuerzo para promocionar la pintura de historia entre un público, el inglés, que estaba más interesado en encargar y comprar retratos y paisajes. A pesar de la popularidad que Kauffmann disfrutaba en la sociedad inglesa y su éxito como artista, estaba decepcionada por la relativa apatía que los ingleses sentían hacia la pintura de historia. Al final, abandonó Inglaterra y marchó al continente, donde este género era mejor estimado y pago.

Las obras de Angelica Kauffmann no conservaron la gran reputación que tuvieron durante su vida. Tenía cierto talento para la gracia, y considerable habilidad en la composición. Pero sus figuras carecen de variedad y expresión; y sus hombres parecen a veces mujeres masculinizadas (en aquella época, las artistas femeninas no tenían acceso a modelos masculinos). Su colorido, con todo, queda bastante bien definido por Gustav Friedrich Waagen cómo «alegre».

Neoclasicismo: Jeanne-Henriette Rath

Miniaturista suiza, fundadora del Museo Rath de Ginebra. Jeanne- Henriette Rath construyó y legó un hermoso edificio neoclásico para museo a la ciudad de Ginebra con su propio patrimonio, inaugurado en 1826 para albergar obras de escultura, pintura y de las artes santuarias y servir de escuela de Bellas Artes para la formación de nuevos artistas.

Rath se dedicará por entero al retrato en miniatura sobre marfil o papel, haciendo incursiones esporádicas a la pintura de pastel, contrariamente a la otros pintores ginebrinos que abandonan la practica de retratista cuando sus circunstancias financieras se lo permiten.

Jeanne- Henriette Rath nació en 1773 en Ginebra de una familia protestante originaria de Nîmes, que huyó la Ginebra en 1666. La primera parte de su carrera se desarrolla en su ciudad, inscribiéndose en ” l’ Ecole Publique de Dessin” junto a su hermana mayor Jeanne- François, una institución de gran prestigio donde ella se inicia a la edad de 12 años. Allí comienza el aprendizaje del dibujo y de pintura, bajo el magisterio de François Ferrière que por aquellos años se inicia en la restauración de los retratos de la Biblioteca Pública, una labor que ocupará parte de su carrrera artística. En la escuela Jeanne-Henriette da muestra de aplicación y capacidad para el dibujo, y no pasa desapercibida por sus maestros.

Ferrière le abriría el camino hacia Sant Petersburgo gracias a su prestigio e influencias en la corte zarina realizando una importante labor retratística en Rusia y ella en un gesto de gratitud y amistad hacia el maestro le propondría al final de su carrera instalarse en los locales del recien inaugurado Museo Rath en Ginebra que ella misma costeó a cargo de su patrimonio familiar en 1826 para acometer las obras de restauración de los tesoros artísticos allí depositados muy maltrechos sobre todo por el expolio a que se sometiieron durante la ocupación napoleónica en la ciudad antes de exponerlos al público.

Ginebra era uno de los principales focos manufactureros de productos artísticos de la Europa de entonces que competía con París y Viena, arrastrando una larga tradicción en las artes de la orfebrería y joyería desde el siglo XVI. Por eso Ginebra celosa en la formación de artistas para los trabajos de sus manufacturas, propició la creación de escuelas públicas de dibujo y fundación privadas como la ” Societé pour l’Encouragement des Arts” creada en 1776, donde Ferrière y Arlaud llegaron a ser miembros y indiscutidos maestros.

Después de sus primeros intentos de pintar como aficionada, las hermanas Rath viajaron a París en 1798, donde se convirtió en alumna de Jean- Baptiste Isabey.

Jeanne Henriette pronto se hizo un nombre como miniaturista de marfil y esmalte de éxito. Exhibe su obra en el Salón de París en los años 1799 y 1801. En este período de estancia en París es cuando Jeanne-Henriette alcanza madurez como pintora en miniaturas aprovechando muy bien las enseñanzas de Jean-Baptiste Isabey, realizando frecuentes escapadas a Ginebra, como la que se vió obligada al tener noticias de la mala marcha económica de los asuntos de su padre. En Ginebra junto a otras mujeres artistas se puso al frente de la Academia de las niñas de la Sociedad de las Artes. Su talento y su gran influencia la valieron el nombramiento de Asociada Honoraria en 1801. Cabe señalar que en este momento, solo los hombres podían presidir una institución como esta. En varias ocasiones, ella regresará a París para presentar sus obras: esmaltes, grabados, retratos y miniaturas y donde trabajará ocasionalmente como pintora para las manufacturas de Sevres la finales de 1810, exhibiendo obras suyas en el Salón de aquel mismo año.

En 1812, es cuando decide marchar a Sant Petersburgo a instancias no sabemos si de su hermano Simon Rath, teniente general del ejército ruso o de su maestro François Férriere que allí residía como influyente miembro de la Academia Imperial de Bellas Artes bajo la protección del Zar Pablo I.

En San Petersburgo, se convirtió en pintora de la Emperatriz-Madre entrando a formar parte de su círculo. Protegida por la familia real y la influencia de Ferriére pronto se convertiría en una pintora muy solicitada por la nobleza rusa. Compaginó el retrato en miniatura con copias de pintura antigua la instancias de la Emperatriz. Había tantos pedidos que pudo en pocos años adquirir una fortuna nada despreciable.

La calidad de la producción artística de Jeanne-Henriette Rath es en general de calidad aunque a veces desigual, pero dentro de una coherencia que permanece a lo largo de su carrera, de tal manera que no vemos grandes diferencias en su estilo y en la técnica empleada de sus obras primerizas con las de su último período, desenvuelto íntegramente en Ginebra. El examen de su obra en miniatura queda marcada por la huella de dos grandes miniaturistas, el francés J. B. Isabey y lo de su maestro François Ferrière.

Del primero adopta el estilo vaporoso de fondos oscuros neutros de la época del directorio, para ir evolucionando hacia los fondos con paisajes y cielos nubosos con harapos azules de la época de consulado e imperio que ella conoce de primera mano durante su estancia en París desde 1798 a 1810, salpicados con viajes esporádicos a su villa natal.

Son obras con tendencia a la idealización y al halago, excepto cuando el modelo pertenece al círculo de amistades como es el aludido retrato de Madame Isabey sorprendida en sus tareas domésticas o el fascinante autorretrato que se hace ella misma como sorprendida con el cuello extendido y la cabeza girada mirándonos fijamente.

Rath adopta la técnica tradicional del puntillismo no perceptible a vista desnuda a la manera de Sicardi. A veces observamos que cae en los mismos errores o excesos de composición del Isabey de este momento, como es la tendencia a la separación excesiva de los ojos de sus modelos o al alargamiento del cuello como Rath lo hace en su propio autorretrato. Este estilo suave y doce donde los retratos se enmarcan con fondos claros pero con ausencia de paisajes lo seguirá practicando hasta la restauración borbónica.

El encuentro con Ferrière y el descubrimiento de la miniatura rusa en su viaje a Sant Petersburgo girará hacia formas más realistas con texturas más untuosas al incorporar abundante goma arábiga en los colores hidrosolubles de su paleta. Los fondos se hacen homogéneos sin referencia espacial en colores uniformes sin degradación más oscuros que los de su primera época.

En estos años Jeanne- Henriette ejerce como profesora en Ginebra, enseñando dibujo y pintura, de las que saldrían notables alumnas, como Adrienne Pauline Macaire.

Academicismo: Christina Robertson

De su vida privada poco se sabe. En vida tuvo mucha fama y reconocimiento como retratista en la corte imperial rusa, algo inaudito para una mujer que además estaba casada y debía hacerse cargo de sus hijos.

Christina Sanders nació en la ciudad escocesa de Fife en 1796 en el seno de una familia de artistas. No se sabe quien ni como recibió su formación artística pero es probable que su talento fuera descubierto por sus propios familiares. Pronto empezó a destacar como miniaturista y retratista.

Desde su estudio londinense, Christina empezó a participar en las exhibiciones anuales de la Real Academia de Londres y Edimburgo y expuso su obra en distintos centros artísticos. Su talento fue reconocido en 1829 cuando se convirtió en la primera mujer en recibir el título de miembro honorífico de la Academia Escocesa.

En aquellos años, Christina Robertson hizo varios viajes a París donde entró en contacto con clientes rusos que con el tiempo le abrirían las puertas del Palacio Imperial de San Petersburgo. Mientras tanto, sus trabajos se incluían también en periódicos y revistas que aumentaron su fama y notoriedad.

Su gran oportunidad llegó en 1839 cuando la pintora participó en una exhibición de la Academia de Arte en San Petersburgo donde fue aclamada por el público en general y la crítica en particular. Su fama llegó a la corte rusa donde al año siguiente fue llamada para retratar a Nicolás I y su esposa a emperatriz Alexandra Feodorovna.

En 1841 era elegida miembro de la Academia de Arte ruso.

Arte Abstracto: Georgiana Houghton

Georgiana Houghton fue una artista británica nacida en España. Nació en Las Palmas de Gran Canaria. Fue la séptima de los hijos de una familia de comerciantes que más tarde se trasladó a Londres, donde se formó Georgiana.

Su arte recibió poco reconocimiento en su época por el hecho de ser mujer y también porque dedicó su vida al espiritismo y no hizo publicidad de su trabajo.

En 1851 murió una hermana con la que ella sentía muy unida, hecho que la llevó a intentar comunicarse con el espíritu de la difunta. El espiritismo, a su manera compatible con la religión cristiana, llevó a Georgiana en 1861 a producir dibujos supuestamente guiada por espíritus. “El espíritu es quien conduce mi mano cuando pinto sin que yo pueda hacer nada para controlarlo”, escribe Georgiana.

Entre los años 1860 y 70, produjo una sorprendente serie de acuarelas abstractas asegurando que estaba guiada por varios espíritus, entre ellos varios artistas del Renacimiento, así como seres superiores angelicales.

La muerte de sus padres y de sus protectores familiares la incitaban en su objetivo de comunicarse con los muertos. Se hizo fotógrafa en un estudio de Londres para captar con la cámara fotográfica sombras y signos de otras vidas ajenas a la suya.

Algunos críticos consideran que su pintura, de ser conocida y difundida, se adelantaría a Wassily Kandinsky y sus teorías del arte abstracto de 1910 y Georgiana fuera la fundadora de este arte en lugar del artista ruso. Georgiana reperesentaba mundos cósmicos en los que reina el orden sobre el desorden. Pero, a diferencia de Kandinsky, la canaria vivió en la oscuridad del espiritualismo en la época victoriana en Londres.

En 2016 la galería Courtauld rescató la pintura de Houghton del olvido. Al igual que ella hizo en 1871, la galería también ofreció al público lupas para examinar con mayor atención las pinturas.

Fotografía Pictorialismo: Julia Margaret Cameron

Julia Margaret Cameron fue una fotógrafa inglesa que se dedicó al retrato fotográfico de corte artístico, así como a la representación escenográfica de alegorías que la enmarcan en la corriente de la fotografía academicista.

Llegó a exponer en la Exposición Universal de 1870, y su obra fue reconocida póstumamente, junto a la de Lewis Carroll, gracias a su reivindicación por parte de los fotógrafos del pictorialismo, así como al apoyo del grupo literario de Bloomsbury y a su sobrina neta Virginia Woolf.

En 1863, su hija Julia y su yerno Charles Norman le regalaron una cámara de fotos (construida en madera con un objetivo de la marca Jamin), para paliar la soledad por la ausencia de su marido durante uno de sus viajes, Cameron tiene 48 años de edad y aquí comienza su carrera fotográfica. Cameron era una aristócrata ociosa que encaja perfectamente en la sociedad de la Inglaterra victoriana, y en ese contexto tener de afición la fotografía era bastante exclusivo. Al año siguiente de su regalo obtiene el que ella llama “su primer logro, su primera fotografía”. Ese mismo año es elegida miembro de la Sociedad Fotográfica de Londres y Escocia.

Sus maestros fueron sus propios amigos: el poeta Carlyle y el pintor Watts, que había realizado soberbios retratos antes de dedicarse a sus obscuras alegorías. Watts vivía en Londres en casa de una hermana de Cameron, fue invitado por un par de semanas y quedó 20 años allí. Estimulada por Watts, Cameron realizó algunas fotografías alegóricas y varias ilustraciones para la poesía de Tennyson y muchos retratos de Watts, Tennyson y la mujer de Watts, Ellen Terry.

La literatura, el Renacimiento, la pintura pre-Rafaelista, con autores como Edward Burne-Jones o John Everett Millais) y la Biblia influenciaron su obra. En una carta dirigida a su amigo Sir John Herschel; Cameron le explicó su intención de alinear la fotografía con el arte, escribió: “mis aspiraciones son ennoblecer la fotografía y alzarla a la categoría de arte, combinando la realidad con la poesía y la belleza ideal”. Creía que la fotografía era una forma para resucitar el arte sagrado, para los victorianos el arte era una técnica, el arte fino era expresión pero no necesariamente ético, pero el arte alto era el arte sagrado. El gusto por la poesía, la formación religiosa y la pintura la llevaron a unir estas tres en sus fotos, creando fotografías de ambiente bíblico, como pinturas religiosas. Sus composiciones alegóricas con varios personajes, tienen un atractivo kitsch y revelan la influencia de su amigo el pintor victoriano George Frederick Watts.

Una de sus preocupaciones era realizar obras genuinas, captar la belleza ideal que emana del rostro de sus modelos. Sus retratos de primeros planos son en realidad primerísimos planos tal vez con una intención metafísica. Se ve en estos retratos de Cameron una clara influencia de una corriente de pensamiento muy de moda en la Inglaterra de la época que es la frenología, que sostiene que la inteligencia y el carácter de la persona está marcado en la forma de la cabeza, parece que en eso incide la obsesión por analizar los rostros, pero su intención última es profundizar hacia el interior.

Los retratos de Cameron tienen un aspecto flou muy peculiar. Creyera que por azar descubrió una combinación de elementos técnicos que le dieron como resultado la falta de nitidez, lo que se convierte en su sello artístico, la búsqueda del efecto flou -un cierto desenfoque con intención. Es este aspecto flou lo que le da el carácter poético a sus fotografías. De ahí que sea considerada uno de los antecedentes del pictorialismo fotográfico de finales del siglo XIX.

Sus fotografías tienen algo de religioso, de pictorialismo cristiano, como las pinturas de Rafael. La historia sagrada se funde con la poesía, como en las fotografías de sus Madonnas, que transmiten la pureza, el niño durmiendo mientras su madre lo cuida…

Barroco: Teresa del Po

Teresa del Po fue una pintora, grabadora y miniaturista italiana del Barroco tardío.

Inició su formación artística en Roma bajo la tutela de su padre, pintor y grabador. De su primera actividad romana casi no queda rastro, aunque el hecho de ser admitida en la Academia de S. Luca, algo poco común en la época para una mujer, testimonia sus dotes artísticas. Inició su actividad artística en Roma, para luego trasladarse a Nápoles, donde trabajó muchos años.

En Roma colaboró con su hermano en una serie de grabados destinados a ilustrar libros y publicaciones de carácter religioso. Teresa decide especializarse en la miniatura, obteniendo una cierta popularidad por su habilidad en los retratos producidos con esta técnica. En 1683 se traslada a Nápoles con su hermano, allí continúa su carrera como ilustradora de libros que, aun siendo de modesta factura, adquieren valor propio gracias a la obra de la artista. En 1687 vive en Benevento con su familia, ya que el padre fue encargado de realizar las pinturas de la catedral de esta ciudad. Durante su estancia beneventana, retrató algunos nobles de la ciudad y ejecutó grabados que representan el arco de Traiano.

Se conservan sus grabados, que dan testimonio de la habilidad de la artista; entre los cuales están el mencionado Arco de Trajano de Benevento, conservado en el Gabinete nacional de los grabados de Roma y el famoso grabado que representa el féretro en memoria de Miroballo Antonio erigido en la iglesia napolitana de Sano Giovanni   Carbonara.

Anna Bacherini Piattoli

Anna Piattoli fue una pintora italiana.

No hay mucha información sobre la vida de Anna Bacherini. Se sabe, sin embargo, que nació en Florencia en 1720 y que fue alumna de los pintores florentinos Francesco Conti y Violante Beatrice Siries, cuya competencia se consideró de profunda inspiración para el estudiante.

En este período también atrajo la atención del erudito Francesco Niccolò Gabburri, quien la describe en sus “Vidas de pintores”: “Esta joven muy vivaz vive en Florencia en este año de 1739 y bajo la dirección del caballero Francesco Conti trabaja maravillosamente en retratos y otras cosas, asombrando a cualquiera que vea sus pinturas, y por su mérito fue asignada a los Académicos de San Luca en Florencia, y a medida que ella avanza día a día en valor y perfección, por lo que hay motivos para esperar que en poco tiempo puede ser una segunda Rosalba “.

En 1741, Anna Bacherini se casó con Gaetano Piattoli, un retratista narrativo.

Gaetano y Anna tuvieron dos hijos, Giuseppe, también pintor, y Scipione, que se convirtió en sacerdote, educador, escritor y activista político católico.

Anna Piattoli Bacherini fue una miniaturista, pintora al óleo y pastora, conocida por sus retratos y por temas religiosos.

A pesar de que era considerada una artista menor de su tiempo, todas sus obras sugieren que pintó imágenes de un tema religioso que se sintió profundamente y al mismo tiempo se dedicó a los retratos más frívolos, consciente del traje popular de la época y de los mayores ingresos que garantizaban.

Fue muy apreciada por los Grandes Duques de la Toscana de su época por su talento como pintora y como profesora. Desafortunadamente, a pesar de una vida de duro compromiso y muchas comisiones, hoy queda muy poco de su trabajo. Además muchas de las obras catalogadas necesitan restauración. Un ejemplo de esto es el “San Francisco en la oración” (actualmente en espera de restauración en el depósito del Museo San Salvi en Florencia).

En los almacenes de los Uffizi también se conserva un joven autorretrato de la pintora (óleo sobre lienzo), con fecha de 1744 y un “Autorretrato con su esposo Gaetano” (1745 ca.), en el que Anna fue representada en primer plano con su esposo detrás de ella.

Su autorretrato más conocido, una pintura al óleo de 1776, en la que la pintora se representó a sí misma copiando la “Madonna del Sacco” de Andrea del Sarto, se exhibe en el Corredor Vasari.

El retrato de “Teresa da Verrazzano en Vai”, completado en 1753, se conserva en la Galería de imágenes del Palazzo Comunale de Prato. El retrato es de estilo neoclásico y se caracteriza por una atención particular del artista, especialmente en la representación de detalles.

La mujer y el arte de la Edad Media: María Ormani

María Ormani fue una ilustradora de origen florentino.

Poca es la información que tenemos de esta mujer, pero a tenor de un autorretrato que dejó en un breviario, sabemos que fue una religiosa, posiblemente florentina, y que vistió los hábitos agustinos. Era probablemente la hija de un trabajador del bronce de Siena y descendió de una familia aristocrática de Toscana.

Los breviarios eran libros menores que se encontraban contenidos en otras obras mayores como los Libros de Horas y recogían de forma abreviada las oraciones y lecturas que un católico debía realizar a lo largo del día, dependiendo de cada época del año, según la liturgia. La intención era dar pública manifestación de la devoción religiosa católica mediante plegarias.

María Ormaní es conocida principalmente por el autorretrato que incluye entre las ilustraciones que realizó para el Brevarium Calendario de Usum Ordinis S. Agustini, que escribió e iluminó en el año 1453. Conocemos la fecha porque en el autorretrato de la página 89, en que aparece aparece la propia Maria Ormani vestida con los hábitos de la orden agustina, y un texto que dice: “ Ancilla Jesu Christi Maria Ormani filia scripsit MCCCLIII”, es decir María Ormani hija y sierva de Dios escribió esto en 1453. Dicta ilustración se conserva actualmente en la Biblioteca Imperial de Viena.

Resultado de imagen de María Ormani

Neoclasicismo: Marie-Thérèse Reboul

Marie- Thérèse Reboul fue una pintora francesa, dedicada la historia natural, naturaleza muerta y flores.

Marie- Thérèse se formó en la Real Academia de Pintura y Escultura en París, donde se convirtió en alumna del quién sería su futuro marido, el pintor Joseph- Marie Vien. Ambos tuvieron un hijo, Joseph Marie Vien, que también fue pintor.

Pintó un gran número de pinturas al estilo bodegón y varias otras pinturas de pájaros, flores y frutos. Varias de sus obras fueron adquiridas por Catalina II de Rusia, y actualmente se encuentran en el Museo del Hermitage.

Margareta Stafhell

Margareta Stafhell, también llamada Staffhell, Stafell y Staffhell-Åkerman, fue una artista de la calcografía sueca.

Margareta Stafhell era hija y hermana de plateros y se casó con un orfebre.

Realiza grabados por método de calcografía. Entre sus trabajos se encuentran grabados de una copia de Martin Desjardins después de una versión de Gerard Edelinck y Hyacinthe Rigaud. Varios de sus trabajos representan escenas bíblicas. Ella estuvo activa en su profesión toda su vida: después de su muerte, su propio estudio figura entre sus posesiones.

Está representada en la colección de grabados en el Nationalmuseum.

La mujer y el arte de la Edad Media: Santa Gisela

Prácticamente se ignora qué manuscritos fueron pintados por monjes o por monjas, pues la inmensa mayoría no están firmados, ya que el concepto de autor se desarrolló básicamente a partir del Renacimiento, pero conocemos algunos nombres de famosas ilustradoras como Santa Gisela

La mujer y el arte de la Edad Media: Violant De Algaraví

Violant o Violante De Algaraví, Pintora Aragonesa Del Siglo XV

Violant de Algaravi fue una de las pintoras que trabajaron en Aragón durante la Baja Edad Media, una de las mujeres que integraron la cadena de creadoras reconocidas por sus coetáneos y coetáneas que se expresaron a través de la pintura desde la Antigüedad’.

Sabemos de su obra por los textos que llegaron a nosotros como Testamentos y la carta de voluntad, del Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Calatayud, entre otros.

Pintaba tapices y cortinas como actividad remunerada. Se cree que también realizaba tablas y otros objetos. Por sus últimas voluntades se sabe que tenía aprendices (común en otras pintoras de la época).

Su producción, en caso de pervivir, permanece en el anonimato o quizás expuesta en alguna colección o pinacoteca atribuida al «maestro» de tal o cuál sitio”. Con todo la documentación conservada permite que nos aproximemos a aspectos interesantes de su historia familiar y personal.

Violant es una mujer cultivada cómo lo fueron algunos de sus antecesores, sabemos fehacientemente que ella escribe –los quales le devo et estan escrito de mano de la mía, dicta Violant, en su libro – y por lo tanto, lee, que está perfectamente al tanto de la contabilidad de su casa, para cuyo funcionamiento dicta precisas instrucciones, y que se maneja hábilmente a la hora de tratar con la compleja documentación contractual de la época.

Una cuna de lustre mediado, una posición económica desahogada, una formación cultural y espiritual muy superior al promedio y, lo que más nos interesa, Violant es pintora.

Calatayud, dentro de sus posibilidades, disfrutaba en la segunda mitad del XV de un ambiente de efervescencia artísticas, como París desde el siglo anterior y Bolonia en los siglos XVI y XVII, de manera que había labor para todos y para todas.

La división del grupo de pintoras y pintores por las sucesivas ordenanzas jerarquizó paulatinamente el oficio, de manera que los pintores de retablos constituyeron la cúspide del arte, seguidos por los pintores de cortinas y finalmente por los doradores”. Quien doraba no podían pintar cortinas ni retablos, y quien trabajaba en la pintura de tapices, no podían pintar sobre tabla, cobrando por este trabajo, se entiende.

Fuente: Autores: María del Carmen García Herrero, Juan Jose Morales Gómez Localización: Aragón en la Edad Media, ISSN 0213-2486, Nº 14-15, 1, 1999 (Ejemplar dedicado a: Homenaje a la profesora Carmen Orcástegui Gros), págs. 653-674 Idioma: Español http://plan.aragob.es/FBA.nsf/0/8E35B60300D6FA57C1256E150033591A/$FILE/Violant%20de%20Algaravi.pdf

Barroco: Geertgen Wyntges

Geertgen Wyntges fue una pintora del Siglo de oro neerlandés.

Segun el Rijksbureau voor Kunsthistorische Documentatie también se conoce como Geertje Pieters y fue alumna y ayudante de Maria van Oosterwijck.

Era nieta del coleccionista de arte Melchior Wyntges que Karel van Mander menciona en su Schilder- boeck.

Como mujer dedicada profesionalmente a la pintura, Maria van Oosterwijck, se tuvo que enfrentar al problema de conseguir un asistente, ya que os chicos preferían ser ayudantes de pintores hombres y a pocas mujeres les permitía su familia realizar este tipo de tareas. Fue así que María entrenó a su criada de labores domésticas, Geertgen Wyntges, en la preparación das pinturas y luego también le enseñó a pintar. Más tarde, Geertje llegó a vender sus propias pinturas en las calles.

Barroco: Catharina Ykens

Catarina Ykens fue una pintora barroca flamenca.

Hija de Jan Ykens, fue bautizada en Amberes el 24 de febrero de 1650. El ser hija de pintor parece decisivo a la hora de cultivar este arte; asimismo, fue sobrina del bodegonista Frans Ykens, quien a su vez era sobrino de Osias Beert I. Al parecer, su vida estuvo ligada a los ambientes religiosos. Su nombre aparece registrado en la corporación de San Lucas de Amberes en 1687.

Se especializó como su tío Frans Ykens y otros miembros de su extensa familia de artistas en la pintura de naturalezas muertas y guirnaldas de flores y frutos, género entonces considerado menor. En sus composiciones sigue los esquemas de Daniel Seghers, pero no en el tipo de ejecución. Su obra conocida es escasa.

Son pocas las obras seguras de su mano que se conocen, entre las que cabe mencionar una pintura de vanitas en una guirnalda firmada « Catharina Eyckens filia devota fecit 1689». El Museo del Prado conserva dos paisajes enmarcados en guirnaldas de flores y frutas procedentes de la colección real, firmados y atribuidos a Catarina Ykens II, aunque la fecha de 1654 que se da para un de ellos ha de corresponder al suyo homónima Catarina Ykens I, con la que frecuentemente se confundieron sus obras.

Barroco: Elisabeth-Sophie Cheron

Chéron fue una admirable mujer francesa que desplegó su talento en distintas disciplinas, lo que le valió un gran reconocimiento en su época.

Elisabeth-Sophie Cheron, fue una pintora, grabadora, poeta, traductora intérprete del barroco, aunque se la considera una mujer del renacimiento, mostró un gran talento en artes plásticas, música y literatura que fue recompensado en vida al ser nombrada miembro de dos Academias. Llegó a recibir una pensión de Luis XIV que coronó sus últimos años.

Recibió la educación de su padre, Henri Cheron, pintor, poeta y músico. Nació en París, en el año 1648, y desde pequeña recibió formación de su padre en la pintura de miniaturas y esmaltado. En 1672, a la edad de 22 años, fue admitida en la Real Academia de Pintura y Escultura, bajo la protección del pintor Charles Le Brun y con la presentación de su autorretrato como pieza de ingreso. Fue la cuarta mujer en ser admitida en esta Academia, ya que tres ingresaron la década anterior, Catherine Girardon y las dos hijas de Louis Boullogne: Madeleine y Geneviève.

En 1699 fue nombrada miembro de la Accademia di Ricovrati de Papua, recibiendo el nombre de “Erato”, por el de la musa de la poesía lírica y amorosa uniéndose a las filas de las otras ocho “musas” femeninas de la dicha Academia, limitadas al número de nueve por dictados del clasicismo.

Uno de sus entretenimientos era la música, tocaba el laúd y el clave, su maestro de laúd fue él músico Joseph de Soleras. Destaca la considerable colección de instrumentos musicales que poseía en su casa, incluyendo un laúd y un clave con dos manuales, poseía también una espineta, dos guitarras, dos angélicas y tres tiorbas (“una pequeña y dos grandes”). Las dos violas soprano más el bajo de viola, un violín y un tambor bajo que completaban la lista testimonian su conocimiento de los instrumentos de cuerda con arco o pulsados y de percusión, además de los de teclado.

Esta colección de instrumentos servía tanto para ella, como para sus estudiantes, su familia y sus amigos. El inventario instrumental los ofrecen pruebas sólidas de que su salón era un centro de actividad músical.

No se tienen documentos que atestigüen que Cheron recibiera clases académicas del resto de sus instrumentos, con todo, Dézallier d’ Argentville, contemporáneo suyo escribió que ella y sus aprendices de grabado interpretaban música en su salón por las tardes, una vez concluido el trabajo, y después de disertaciones con su hermano (Louis Cheron) y otros eruditos, sobre pintura y bellas artes, mostrando así sus habilidades melódicas con varios instrumentos.

Aunque Elisabeth pudo disfrutar durante su vida, de alta estima entre sus contemporáneos, pronto después de su muerte cayó en el olvido. De las numerosas pinturas y grabados de sus casi 50 años de vida creativa se conservan relativamente pocos originales.

Maria Maddalena Baldacci

Maria Maddalena Baldacci fue una pintora italiana.

Conocida en Florencia como pintora de retratos en miniatura, realizada en colores pastel o acuarela y con tonos suaves, suaves y delicados, se le pidió que pintara a la emperatriz María Teresa de Austria, que se había casado con el Gran Duque de Toscana Francesco I de Lorena.

Comenzó a estudiar en la escuela de la pintora Giovanna Marmocchini Cortesi Fratellini, que había sido la dama de honor de la Gran Duquesa Vittoria della Rovere. María Maddalena Baldacci pasó luego al taller del pintor y grabador Giovanni Domenico Campiglia, donde se especializó en retratos en miniatura, un género entonces en boga, que impuso una gran precisión en la ejecución y en el que el trabajo de los pintores fue muy apreciado. Estas miniaturas generalmente no fueron firmadas y hoy son difíciles de atribuir.

El abad Orazio Marrini recuerda a María Maddalena Baldacci como una artista prolífica conocida también en la corte granducal. Con respecto a un autorretrato, que ella pintó en 1737, escribió: “Todavía tengo su propio retrato en tonos pastel en mi colección e hice esa distinción distinguida que justamente merece esta muchacha virtuosa”. El trabajo restante es un autorretrato, óleo sobre lienzo, que ahora se mantiene en los Depósitos de los Uffizi. La pintura proviene de la colección del abad Antonio Pazzi y fue comprada por las Galerías Florentinas en 1768. Aquí el artista se representa a sí mismo muy joven y vestido con una rica túnica. Ella tiene las herramientas de su profesión, lápiz y carpeta de pastel.

Este grabado, que representa a María Maddalena Baldacci, forma parte de la “Colección de 324 retratos de excelentes artistas”, que se publicó entre 1790 y 1796. El autorretrato original, pintura al óleo, 73.5×62 cm, se conserva en Uffizi.

Marianne Loir

Marianne Loir o Marie-Anne Loir fue una pintora francesa.

Nacida en una familia de plateros, se especializó en la realización de retratos. Su padre era Nicolas Loir, y era hermana del escultor Alexis III Loir.

Se cree que fue educada por el pintor académico Jean-François de Troy entre 1738 y 1746, cuando este era director de la academia francesa en Roma.

En 1763, se encuentra activa profesionalmente en París donde pinta en septiembre el retrato de Antoine Duplàa. En 1765 abandona París para residir en la Provenza, pasando a ser miembro de la Academia de bellas artes de Marsella en 1762. Pasa temporadas en Pau y en Toulouse.

Se le han atribuido con seguridad diez retratos. En la colección permanente del Museo Nacional de Mujeres Artistas, en Washington, DC, se conserva el Presumed Portrait of Madame Geoffrin («Supuesto retrato de la Sra. Geoffrin»), pintado por Loir.

Barroco: María de Abarca

María de Abarca, activa en Madrid a mediados del siglo XVII, fue una pintora barroca española especializada en la pintura de retratos, que practicaba por afición y con notable acierto.

Es José García Hidalgo quien, en sus principios de practicar el nobilísimo y real arte de la pintura, transmitió la noticia, recogida luego por Ceán Bermúdez en el Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España.

Entre las mujeres artistas del siglo XVII español, con figuras tan relevantes como La Roldana o Josefa de Obidos, María de Abarca es figura en cierto modo singular pues su práctica de la pintura tiene lugar al margen de los talleres familiares en los que se formaron, además de las dos artistas citadas, Luisa de Valdés, hija de Juan de Valdés Leal, Francisca Palomino y Velasco, hermana de Antonio Palomino, o Andrea y Claudia, hijas de Pedro de Mena, entre tantas otras.

La mujer y el arte de la Edad Media: Santa Rathride

Prácticamente se ignora qué manuscritos fueron pintados por monjes o por monjas, pues la inmensa mayoría no están firmados, ya que el concepto de autor se desarrolló básicamente a partir del Renacimiento, pero conocemos algunos nombres de famosas ilustradoras como Santa Rathride.

Anna Rosina de Gasc

Anna Rosina de Gasc, nacida Anna Rosina Lisiewska, fue una retratista alemana del siglo XVIII.

Anna Rosina provenía de una conocida familia de pintores polacos, su padre Jorge Lisiewski le dio las primeras lecciones de pintura junto a sus hermanos Federica Julia, Anna Dorothea y Cristian Federico, quienes también seguirían el género del retrato y serían pintores de cámara. Más tarde se perfeccionó con el pintor francés Antoine Pesne y adoptó su estilo de pintura. En 1757 fue llamada por el príncipe Federico de Anhalt-Zerbst, hermano de Catalina la Grande, como pintora de la corte de Zerbst, donde Anna Rosina realizó una serie de cuarenta retratos para la Galería de bellezas de Zerbst. Tuvo después una estancia de diez años en la corte ducal de Brunswick donde contó con el generoso apoyo de Filipina Carlota, duquesa de Brunswick, y en 1764 se le otorgó una importante pensión vitalicia. El palacio de Charlotenburgo en Berlín, el Herzog Anton Ulrich Museum de Brunswick y el palacio de Ambras en Innsbruck poseen algunas de sus obras.

Estuvo casada en primeras nupcias con el pintor de la corte prusiana David Matthieu con lo cual se convirtió en madrastra del también pintor Jorge David Matthieu. Al enviudar se casó en 1760 con Luis de Gasc, un amigo del poeta Gotthold Ephraim Lessing y comenzó a firmar sus obras como Anna Rosina de Gasc.

Barroco: Giulia Lama

Nacida en el siglo XVII, son escasos los datos biográficos que de ella se tienen, ya que la ignoran los biógrafos de los artistas venecianos del siglo XVIII.

Las noticias más interesantes aparecen en una carta del Abatre Conti, dirigida a Madame de Caylus y datada en marzo de 1720, donde da cuenta de su ‘descubrimiento’ en Venecia de Giulia Lama, a la que compara por la calidad de sus obras con la famosa Rosalba Carriera.

Había estudiado matemáticas en su juventud y era conocida como poetisa. Admiró la obra de Giovanni Battista Piazetta, del que tal vez fue discípula directa, existiendo un retrato de ella del maestro, datado hacia 1720, en la colección Thyssen, identificada en él por el ‘ Autorretrato’ que la joven envió a los Uffizi en 1725.

Según el abate Conti, fue perseguida por los pintores contemporáneos, aunque su ‘virtud triunfaba ante sus enemigos’.

Su pintura, violenta y antiacadémica, sigue la huella del ‘ neotenebrismo‘ veneciano. Son interesantes en este sentido su ‘Sansón y Dalila’, en colección privada y, sobre todo, el ‘Martirio de Santa Eurosia’.

Se conservan numerosos dibujos atribuidos a su mano, que siguen el estilo de Piazzetta, a lápiz negro y carboncillo.

Anna Waser

Anna Waser fue una pintora suiza. Fue la quinta hija de una familia adinerada y respetada en Zurich .

Según Jean-Baptiste Descamps, nació en Zurich en 1679 y se convirtió en alumna de Joseph Werner. Según la RKD, nació un año antes y fue grabadora y pintora en miniatura.

Sus padres fueron Esther Müller y el alguacil Johann Rudolf Waser, un hombre educado que promovió el talento de su hija. Practicaba como pintora, a pesar de todas las convenciones sociales. Su primer maestro fue Johannes Sulzer, a los catorce años se mudo a Berna para estudiar con Joseph Werner, uno de los principales pintores suizos. Cuatro años permaneció como la única niña entre sus estudiantes varones, en su “taller de aprendizaje para pintar”. Luego regresó con su familia a Zurich. Allí recibió encargos de retratos de un gran círculo de gente. También fuera de la ciudad tomaron conciencia de la joven pintora En 1699, Anna Waser, ahora con 21 años de edad, fue nombrada por el conde Wilhelm Moritz von Solms-Braunfels como pintora de la corte en el Castillo Braunfels an der Lahn en Hessen .

En lugar de un viaje planeado a París, se le pidió que regresara a Zurich, porque su madre estaba enferma y su hermano Johann Rudolf, decidió viajar como capellán militar a Holanda. Desde alrededor de 1702, tuvo que cuidar la casa de sus padres, y su trabajo como pintora decayó. Ella pintaba solo de vez en cuando algún retrato o unas pequeñas escenas pastorales de pequeños formatos, por las que había sido famosa.

El diccionario Bénézit especifica que ella hizo retratos en miniatura de personalidades holandesas e inglesas. En 1708, con sus dos hermanas, Anna Maria y Elizabeth, produjo viñetas de caligrafía. Cuando el sobrino de Jacob, Joachim von Sandrart, actualizó la Academia de Jacob, ella le envió dibujos hechos con una punta de plata que mostraban su retrato y algunas obras, pero el libro nunca se publicó a causa de la muerte del editor. Su autorretrato de perfil, fue tomado por Jean-Baptiste Descamps para aparecer en La vida de los pintores flamencos, alemanes y holandeses en 1764, pero la nota incluye algunos errores.

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“Wasser” aparece con un retrato grabado en la parte IV de la serie de 4 partes de Jean-Baptiste Descamps, “La vie des peintres flamands, allemands et hollandois”, 1764

En 1998, el trabajo de Anna Waser fue honrado por el Gesellschaft zu Fraumünster, agrupación honor póstumamente a las mujeres que han prestado servicios profesionales sobresalientes o innovaciones sociales en Zürich. Los homenajes se llevan a cabo en la mañana del festival Sechseläuten y son públicos. Siempre que sea posible, se adjunta una placa a una antigua residencia o lugar de actividad de las mujeres honradas.

Andrea de Mena

Andrea de Mena fue una escultora barroca, hija de Pedro de Mena y hermana de la también escultora Claudia de Mena. Ambas se formaron en el taller de su padre e ingresaron en la abadía cisterciense de Recoletas Bernardas de Santa Ana en Málaga en el año 1672, donde años más tarde también ingresaría Juana Teresa, la menor de las hermanas.

Son escasas las obras conocidas que se le pueden atribuir. En el propio convento de Santa Ana se conservan las imágenes de candelero de San Benito y San Bernardo que se pueden asignar a la labor de las dos hermanas. La Hispanic Society de Nueva York posee dos pequeños bustos de Ecce Homo y Mater Dolorosa firmadas por Andrea. Las cuatro esculturas citadas siguen los modelos paternos con un tratamiento más preciosista.

La mujer y el arte de la Edad Media: Herrada de Landsberg

Durante el siglo XII aparecieron en Europa un importante número de mujeres que, al amparo de su vida religiosa, demostraron al mundo que podían escribir y pensar como los filósofos e intelectuales más importantes de la historia. La obra de Herrada de Landsberg es únicamente un libro pero supone una importantísima fuente de información. Su obra enciclopédica, El jardín de las delicias, hizo de esta humilde pero luchadora abadesa, una destacada erudita de su tiempo.

Herrada de Landsberg fue una monja alsaciana del siglo XII y abadesa de la abadía de Hohenburg en los montes Vosgos. Es conocida principalmente por ser la autora de la enciclopedia pictórica Hortus deliciarum (El Jardín de las delicias).

El jardín de las delicias

Herrada de Landsberg es la autora de la enciclopedia pictórica Hortus deliciarum o El Jardín de las delicias, la primera enciclopedia que fue escrita por una mujer. Comenzada en 1165, la obra se finalizó en 1185. El Hortus deliciarum fue uno de los manuscritos más célebres iluminados de la época. Era un compendio de todas las ciencias estudiadas en su época, incluyendo la teología. Se ideó cómo una herramienta pedagógica para las nuevas novicias del convento. En esta obra Herrada detalla la batalla entre la Virtud y el Vicio con imágenes visuales. Son 336 ilustraciones en total las que adornan el texto.

Hacia el año 1165 Herrada había comenzado entre los muros de su convento la obra por la que sería conocida, el Hortus deliciarum, un compendio de todas las ciencias estudiadas en su época, incluyendo la teología. En esta obra Herrada detalla la batalla entre la Virtud y el Vicio con imágenes visuales especialmente vívidas que preceden a los textos.

Era más que todo un compendio del conocimiento del siglo XII. Contenía poemas, música, e ilustraciones, las cuáles eran su parte más famosa y apreciada; y que incluían dibujos de textos clásicos y árabes. Entre los poemas se hallaban algunos escritos por Herrada dirigidos a las monjas, la gran mayoría de los cuáles fueron adaptados a la música.

Su obra, como es de esperar en el marco de la actividad literaria del siglo XII, aunque no es excesivamente original, muestra una escritura muy elaborada. Su principal distinción la constituyen las 336 ilustraciones que adornan el texto. Muchas de ellas son representaciones simbólicas de temas teológicos, filosóficos y literarios; algunas son históricas, otras representan escenas relacionadas con la experiencia personal de la artista y una ilustración es una serie de retratos de sus hermanas religiosas. La técnica de algunas ilustraciones fue muy apreciada en casi todos los ámbitos artísticos, ya que demuestra una imaginación muy extraña entre los artistas contemporáneos de Herrada. La poesía que acompaña a los extractos de escritores de la antigüedad y de autores paganos también contribuyó a la fama de Herrada.

A pesar de la intervención de varios y diferentes escribas en la elaboración del texto, lo que queda claro es que fue Herrada la que fungió cómo editora de la obra. En el texto introductorio a la obra y dirigido a uno de sus superiores Herrada escribió:

“Hago de su conocimiento santidad, que, como una pequeña abeja inspirada por Dios, coseché de diferentes flores de las Sagradas Escrituras y textos filosóficos este libro, a lo que llamé Hortus deliciarum y lo he compilado en honra y alabanza de Cristo y de la Iglesia y en vuestro nombre y amor, como única y doce colmena.”

El manuscrito se mantuvo en el convento hasta la época de la Revolución Francesa cuando pasó a ser parte de la biblioteca municipal de la ciudad de Estrasburgo donde se copiaron tanto el texto como las ilustraciones a lo largo del siglo XIX lo que nos permite tener una idea clara de su contenido a pesar de que el manuscrito original se perdió en el incendio de la biblioteca durante lo sitio de la ciudad en la guerra franco-prusiana en 1870.

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La mujer y el arte de la Edad Media: Adahlhrd

Prácticamente se ignora qué manuscritos fueron pintados por monjes o por monjas, pues la inmensa mayoría no están firmados, ya que el concepto de autor se desarrolló básicamente a partir del Renacimiento, pero conocemos algunos nombres de famosas ilustradoras como Adahlhrd.

La mujer y el arte de la Edad Media: Claricia de Baviera

En un tiempo en el que el artista estaba al servicio de Dios y su fama y reconocimiento no tenían sentido alguno, el arte que entonces se produjo quedó a menudo falto de firma. Esculturas, frescos o libros iluminados son algunos ejemplos. Creados por hombres o por mujeres, su nombre, en la mayoría de los casos, no permaneció.

A lo largo de la Edad Media fueron muchas las mujeres que tras los muros de los conventos dedicaron su vida al estudio y a la iluminación de libros. Como muchos monjes, su nombre se perdió. Aunque alguno de ellos sobrevivió. Ese es el curioso caso de una mujer que inmortalizó su nombre y su retrato en un salterio de finales del siglo XII o principios del XIII.

Claricia o Clarica fue una novicia, posiblemente una estudiante que no era monja, o aun no lo era, que dedicó parte de su vida a ilustrar libros en un monasterio alemán. En uno de ellos, conservado en el Museo de Arte Walters de Baltimore, en Estados Unidos, aparece retratada columpiándose cogida a una gran letra Q y con su nombre escrito sobre sus hombros. Con la melena suelta y una actitud desenfadada, Claricia grabó así su nombre para la historia.

El Salterio de Claricia fue producido para un grupo de monjas benedictinas y, probablemente, por ellas mismas, en la abadía de los santos Ulrico y Afra de Augsburgo, Alemania. Aunque el calendario y el salterio en sí mismo se remontan la finales del siglo XII o comienzos del XIII, se añadieron varios textos y oraciones a mediados del siglo XIII. El más llamativo del manuscrito son sus iluminaciones, que incluyen un ciclo de miniaturas preliminar, miniaturas a toda página e iniciales historiadas. Aunque todas pertenecen al estilo románico, varían mucho en calidad y técnica: parecen ser la obra de tres o cuatro artistas diferentes. El salterio toma su nombre de una de las iniciales, la « Q», de la que se balancea una joven en atuendo secular. La joven tiene la palabra « Claricia» escritura alrededor de su cabeza. Se sugirió que la imagen representa a una artista novata que firmó su obra, pero existen muchas teorías, ninguna de las cuales se confirmó.

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