Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun fue la pintora francesa más famosa del siglo XVIII y una de las retratistas más demandadas de su época. Su pintura está presente en un centenar de museos de 20 países. Su obra incluye 900 pinturas, entre ellas 700 retratos, muchos de ellos autorretratos, 30 retratos de su amiga María Antonieta y 67 retratos realizados durante los seis años de exilio en Rusia. Durante sus viajes se convirtió en miembro de las Academias de Florencia, Roma, Bolonia, San Petersburgo y Berlín.

Nació en París en el seno de una familia humilde, a pesar de la reputación de su padre Louis como retratista en colores pastel dio acceso a la familia a la sociedad burguesa artística. De su padre, Louis Vigée, recibió sus primeras lecciones, aunque se benefició más de los consejos otros maestros de la época.

Durante su adolescencia pintaba ya retratos de manera profesional. Comienza pintando a su propia familia. Animada por su madre para que continuara con la pintura a los 15 años Louise tenía su propio estudio.

Cuando su estudio fue embargado por pintar sin licencia, buscó afiliarse a la Académie de Saint Luc, que exhibió sus cuadros en su Salón. El 25 de octubre de 1774 ingresó en la Academia Francesa.

Su propia experiencia profesional y colección de maestros antiguos y grabados ayudaron a Louise para ampliar sus horizontes artísticos y perfeccionar su técnica de pintura.

Pintó los retratos de muchos de los miembros de la nobleza francesa y conforme avanzaba su carrera, a la edad de 23 años fue invitada a Versalles para pintar la la reina María Antonieta. El primer cuadro lo pintó en 1779. La reina quedó tan complacida con el trabajo de Vigée-Lebrun, que recibió el encargo de pintar más retratos de ella, así como de los príncipes y de numerosos nobles.

A principios de la década de 1780 viajó a los Países Bajos, lo que le permitió profundizar en los maestros flamencos y su comprensión del arte holandés, en especial del uso de Rubens de color y esmaltes, que iba a tener una influencia permanente en su arte. Allí pintó los retratos de algunos nobles y del Príncipe de Nassau.

El 31 de mayo de 1783 fue aceptada como miembro de la Académie Royale de Peinture et de Sculpture como pintora de alegorías históricas. Adélaïde Labille-Guiard, su principal rival, fue aceptada el mismo día. Los hombres a cargo se opusieron a su admisión argumentando que su esposo era un tratante de arte, pero una orden del rey fijó la decisión una vez que María Antonieta presionó a su marido en favor de la pintora. La admisión de dos mujeres en un mismo día suscitó comparaciones entre ambas en vez de comparaciones entre miembros femeninos y masculinos.

Tras la detención de la familia real durante la revolución francesa en octubre de 1789 Vigée Lebrun identificada cómo monárquica, huyó de Francia. Su experiencia en tratar con clientes de la aristocracia le resultó útil. En Roma sus pinturas fueron aclamadas por la crítica y fue recibida en la Academia di San Luca. En Rusia pintó a numerosos miembros de la familia de Catalina la Grande. Durante su estancia Vigée Lebrun fue nombrada miembro de la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo.

Finalmente regresó a Francia durante lo reinado del emperador Napoleón I. Solicitada por la élite de Europa, viajó a Inglaterra a principios del siglo XIX y pintó los retratos de varios notables británicos incluyendo a Lord Byron. En 1807 viajó a Suiza y fue nombrada miembro honoraria de la Societé pour l’Avancement des Beaux-Arts de Ginebra.

A instancias de una amiga, la condesa Dolgoruki, Vigée Lebrun publicó sus memorias en 1835 y 1837, donde muestra una interesante perspectiva de la formación de los artistas del final de la época dominada por las academias reales.