Maria Sibylla Merian fue una naturalista, exploradora y pintora alemana, de padres suizos.

Aunque ignorada durante mucho tiempo, es considerada actualmente como una de las más importantes iniciadoras de la entomología moderna, gracias a sus detalladas observaciones y descripciones, con ilustraciones propias, de la metamorfosis de las mariposas.

Su padrastro, Jacob Marrel, famoso por sus cuadros de flores, le enseñó a pintar, dibujar y grabar. A los trece años ya pintaba sus primeras imágenes de insectos y de plantas a partir de modelos que capturaba directamente.

La creencia de la época aseguraba que los insectos eran el resultado de la «generación espontánea en el lodo en putrefacción». A pesar de esta creencia, María se preguntaba cómo podían surgir las más bellas mariposas de las orugas. Estudió la metamorfosis, los detalles de la crisálida y las plantas de las cuales se alimenta la oruga. Ilustró así todos los estadios del desarrollo en su cuaderno de bosquejos.

El trabajo de Merian es considerable. En su época era realmente raro que alguien se interesara en los insectos. La metamorfosis de los animales era casi desconocida. El hecho que ella publicara La oruga, maravillosa transformación y extraña alimentación floral en alemán la hizo popular en el alta sociedad. Por esa misma razón, era rehuida por los científicos de su tiempo, ya que la lengua oficial para la ciencia era el latín.

Paralelamente a la metamorfosis, Maria Sibylla Merian describió también muchos otros detalles de la evolución y vida de los insectos. Mostró, por ejemplo, que cada oruga depende de un pequeño número de plantas para su alimentación y que, por tanto, los huevos eran puestos cerca de esas plantas. Este trabajo hizo de ella una de las primeras naturalistas que observó realmente los insectos, lo que le permitió descubrir muchos aspectos sobre su desarrollo.

Se trata de una de esas mujeres que demostraron que para destacar en ciencia no era necesaria una carrera científica, sino que basta con curiosidad.

Le bastó solo con arte, curiosidad y arrojo para indagar donde nunca antes lo hacía nadie, algo que le valió para convertirse en la primera mujer entomóloga reconocida de toda la historia.