María Eugenia de Beer fue una grabadora calcográfica activa en Madrid, hija del pintor Cornelio de Beer. Firmó sus obras anteponiendo siempre el título de «doña».

Maria Eugenia de Beer fue un caso único en la Corte española de la primera mitad del siglo XVII. La artista está considerada como una de las primeras grabadoras y casi toda su obra –sesenta y ocho láminas- se conserva en la Biblioteca Nacional de España.

Su condición de mujer en el panorama artístico del momento supone un elemento excepcional: es la única grabadora de la que se tiene constancia en estas décadas en Madrid. La BNE conserva prácticamente toda su producción, compuesta en su mayor parte de portadas de libros y de retratos, los dos géneros fundamentales del grabado barroco español.

El primero en ocuparse de ella fue Ceán Bermúdez, quien la tenía por discípula de su padre y decía de ella que había grabado «con dulzura algunas obras que le hacen digna de este lugar».

Anteriores en un año a su matrimonio son los primeros trabajos conocidos: la portada alegórica del Sumo sacramento de la fe, obra del jesuita Francisco Aguado y la del Tomo Segundo de los opprobios q(ue) en el árbol de la cruz oyó Xro. q(uan)do dixo las siete palabras, de fray Francisco de Rojas. Dedicado al conde duque de Olivares, la portada calcográfica, poco convencional y de compleja iconografía, presenta el título del tratado dentro de un pedestal del que brota un árbol rematado en cruz, y sobre él, enmarcados en óvalos, los retratos del rey Felipe IV, del príncipe Baltasar Carlos, llamado «princeps pacis», y del conde duque, unidos los tres por una rama del árbol, con la inscripción: «Facit hic utraque unum».

Del año siguiente es el frontispicio de los Discursos espirituales de Juan de Palafox y Mendoza, impreso en Madrid por Francisco Martínez, 1641, con el retrato de la reina Isabel de Borbón en óvalo flanqueado por los retratos de santas Isabel de Hungría e Isabel de Portugal.​

Entre sus láminas grabadas, sobresale el retrato Diego de Narbona que figura en Annales tractatus iuris… de Tomás Tamayo de Vargas. Es la obra maestra de la autora, en la que se ha destacado la profundidad psicológica, la delicadeza y la acertada volumetría de la figura. Además, fue realizada en colaboración con uno de los mejores pintores del momento Juan Bautista Maino, autor del dibujo.

De Beer realizó al menos sesenta y ocho grabados, sin embargo, gran parte de ellos se concentra en dos grupos numerosos: treinta en los Exercicios de la gineta al Principe nuestro señor D. Baltasar Carlos, de Gregorio de Tapia y Salcedo y veinticuatro en el Cuaderno de aves, realizado también para el príncipe Baltasar Carlos, obra de la que solo se conoce un ejemplar en la colección del Banco de España, que puede ser fechado hacia 1637-1639, por lo que sería la primera obra de la artista.

Más convencional conforme a los usos editoriales del siglo XVII es la portada del libro Guerra de Flandes, del cardenal Guido Bentivoglio, traducido del toscano por Basilio Varen de Soto y del mismo año es la portada calcográfica con dos caballos en atrevidos escorzos, el retrato del príncipe Baltasar Carlos de catorce años y veintiocho estampas grabadas con escenas de doma, caza y tauromaquia, para el libro de Gregorio de Tapia y Salcedo, Exercicios de la gineta al príncipe nuestro señor D. Baltasar Carlos. 

Su producción se concentró entre 1640 y 1645 y fue bastante reducida, ya que fuera de estos dos volúmenes, apenas hay otras catorce obras.