No son pocos los ejemplos de monjas que desarrollaron su obra pictórica en los conventos. Entre ellas se encuentra Orsola Maddalena Caccia, nacida en Moncalvo, Italia, en el año 1596 con el nombre de Theodora, hija del pintor Guglielmo Caccia, conocido también como Il Moncalvo. Al ingresar en el convento de las Orsolinas de Bianzé, un municipio del norte de Piamonte, Italia, cambió su nombre por Orsola Maddalena. En 1625 se trasladó a un convento dedicado a Santa Orsola que su padre fundó en Moncalvo, donde se convirtió en abadesa. Tenía dos hermanos y cinco hermanas, cuatro de las cuales también tomaron los votos religiosos.

Orsola aprendió a pintar con su padre, a quien al principio ayudaba a colorear y realizar las figuras secundarias de sus obras. Ella y su hermana Francesca se dedicaron a la pintura, organizando el estudio del convento donde se enseñaba a las novicias y se tomaban encargos externos. Dos alumnas de Orsola ingresaron al convento sin aportar las dotes requeridas por el hecho de tener habilidades artísticas prometedoras que significaban beneficios económicos para la orden. Francesca murió joven, a los 26 años, y Orsola tuvo más tiempo de perfeccionar su arte durante su vida, que duró ochenta años.

Orsola se dedicó especialmente a la pintura de naturalezas muertas, además de realizar imágenes devotas y retablos. Su estilo en los bodegones es similar al de la pintura arcaica flamenca o nórdica, especialmente de Ludger Tom Ring el Viejo y Georg Hoefnagel, presentando una estructura compositiva simple y equilibrada, con cada elemento situado cuidadosamente, con énfasis en la verticalidad, especialmente en las obras con motivos florales. Suele incluir en sus bodegones trozos de frutas y un animal, generalmente un pájaro o un insecto.

También en las imágenes religiosas incluye naturalezas muertas. Se dedicaba además a la elaboración de otros objetos de devoción y obras de pequeño formato de un estilo de gran delicadeza heredado de su padre. Estas obras se encuentran en colecciones particulares, en palacios, museos e iglesias de Piamonte y se reconocen por la firma que distingue a la pintora, constituida por una flor o un ramo. Entre sus encargos más importantes figuran el retablo que representa el Matrimonio místico de la beata Osanna Andreasi (1648), en la iglesia de Carbonarola, Mantua, y el retablo de San Juan el Bautista (1644), en la iglesia de San Martin y Stefano, Montemagno.