Harriet Backer fue una de las pintoras más reconocidas de Noruega. Alcalzó renombre por sus pinturas de interiores y paisajes de colores vivos y animada claridad. Alcanzó renombre por sus pinturas de interiores y fue una defensora y pionera de las mujeres artistas de su generación.

Ingresó a la Escuela de Pintura Johan Fredrik Eckersberg, donde estudiaría con Knud Bergslien como maestro. Realizó varios viajes por Europa en compañía de su hermana la pianista Agathe Backer-Grøndahl. Vivió en París durante 10 años junto a su amiga Kitty Kielland; en esa ciudad recibió la influencia del impresionismo, si bien su obra ha sido catalogada generalmente como realista. De regreso a Noruega se integró al Círculo de Lysaker, un grupo artístico-político de corte nacionalista que fomentaba la cultura tradicional y la independencia de Noruega.

Ganó una medalla de plata en la Exposición Universal de 1889, en 1908 recibió la Medalla al Mérito del Rey.

Sus obras se hallan en varios de los museos noruegos más importantes, como la Nasjonalgalleriet de Oslo y el Museo de Arte de Bergen. Otras más son propiedad del municipio de Bærum.

Harriet Backer llegó a París en 1878, siendo en ello uno de los primeros artistas noruegos de su generación y permaneció allí hasta 1888. Se había formado en las escuelas de arte de Christiania, había hecho largos viajes al extranjero y había estudiado de 1874 a 1878 en Múnich, donde uno de sus maestros fue el pintor noruego Eilif Petersen.

Basándose, en lo que siempre fue una composición pictórica concisa, la artista concibió gradualmente un uso libre y personal del color. Se estrenó en el Salón de París en 1880, y en la Exposición Universal de 1889 fue premiada con una medalla de plata por su interior En mi casa (1887, Nasjonalgalleriet, Oslo). Junto con Interior azul y Retrato de la pintora Kitty L. Kielland (ambos de 1883, Nasjonalgalleriet, Oslo), representa un paso en su proceso colorístico de liberación. Después de volver a Noruega en 1888, pintó una serie de interiores noruegos. 

La antigua iglesia de Tanum, en Baerum, le proporcionó motivos para sus primeros cuadros eclesiásticos, un género en el que había de hacer su mayor aportación, con obras importantes como Bautizo en la iglesia de Tanum (1892) y La sagrada comunión celebrada en la iglesia de Stange (1903, Nasjonalgalleriet, Oslo). Los paisajes de verano y bodegones de los últimos años de Harriet Backer marcaron una transición natural de la pintura de la década de 1880, con su acento en los valores y la textura, al colorismo libre de nuestro siglo.