Gótico: Teresa Díez

Teresa Díez, fecha de los primeros años del siglo XIV y se puede considerar la primera gran pintora de la historia del arte español.

Mientras que en la Edad Media, la mayoria del arte es principalmente masculino y anónimo, las obras pictóricas, escultóricas y arquitectónicas son realizadas por hombres, y carecen de firma, pues de todas se conoce la obra pero no el autor…entre otras cosas porque no se consideraba la pintura como un arte sino como un oficio, y todo lo que fuera a trabajar en la edad media, era de rango inferior. Será en los albores del Renacimiento cuando se aprecie realmente el arte como arte y a los artistas, no como trabajadores sino como maestros.

Con todo, hubo varias mujeres que sí firmaron su obra, que no sólo osaron meterse en los oficios “de hombres” sino que también estuvieron decididas a dejar su obra a la posteridad, ¿como? firmándolas. Y en este marco encontramos a la pintora Teresa Díez.

Teresa desarrolló su actividad en el área castellana en la época de María de Molina ( c.1265-1321). La historiografía del arte la sitúa alrededor del núcleo artístico que se desarrolla en los primeros años del gótico en Salamanca.

Artísticamente el análisis de sus obras, como todas las pinturas de esta autora, corresponden cronológicamente a la fase del llamado gótico-lineal o franco-gótico. Como se puede observar no conoce la perspectiva, las figuras se mueven en dos dimensiones y, cuando se tiene que representar muchas figuras la dificultad de inserirlas en un marco reducido se resuelve recurriendo a la isocefalia y a la perspectiva escalonada, como se hizo en la época románica, pero en las pinturas de Teresa Díez predomina el naturalismo, y destacarían aquellas figuraciones en las que se percibe una cierta ternura y cercanía a la vida cotidiana y a la realidad histórica del momento.

Pero lo que interesa también es su labor, no como artista, sino como mujer pintora. Se adecuó, evidentemente, a las normas artísticas de su época, pero como mujer hizo guiños en sus murales, donde se aprecia un claro predominio de mujeres, y a las que dedicó el grueso de su obra. En la aparición de Cristo a Magdalena, escogió el momento crucial en el que es una mujer a la que primero se le aparece Jesús resucitado. Detrás, quien mata al dragón (el diablo) es Santa Marta, y no San Jorge, el eterno santo caballero.

Consciente de su autoría, Teresa firmó su obra en un lugar significativo, a la derecha de una pintura gigantesca de San Cristóbal, de él que se han conservado las sólidas piernas caminando, apoyado en su monumental báculo, entre los peces y las anguilas del río por él que transportó Dios Niño. En un sitio visible y destacado, a la altura de los muslos del santo, una inscripción desafía al olvido y al anonimato: “ TERESA DIEÇ ME FECIT”

About the author: Lucía Blanco