En el siglo XVII fueron excepcionales los casos de mujeres que sin provenir de una familia de artistas se dedicaron profesionalmente a la pintura.

Maria van Oosterwijk fue una pintora neerlandesa barroca especializada en naturalezas muertas. Fue alentada en esta actividad por su padre, un ministro predicador de la Reforma holandesa. María Van Oosterwyck, quien, junto a Cornelia de Rijck y María van Pruyssen, tuvo un rol importante en la pintura holandesa, a pesar de que ninguna fue aceptada en el sindicato de pintores. Los sindicatos de pintores de la época generalmente no permitían la afiliación de mujeres, con todo las empleaban en la producción de pinturas de bajo precio. Algunas vendían sus obras en la calle. A pesar de que María llegó a pintar en un nivel profesional, ganando más de 100 florines por pintura, solo fue considerada “ amateur bien pagada” por el gremio. Pero a pesar de su éxito, no la dejaban unirse al gremio artístico por ser mujer.

Como mujer dedicada profesionalmente a la pintura, tuvo que enfrentar el problema de conseguir un asistente, ya que los jóvenes preferían ser ayudantes de pintores hombres y a pocas mujeres les permitía su familia realizar este tipo de tareas. Fue así que María entrenó a su criada de labores domésticos, Geertgen Wyntges, en la preparación de las pinturas y luego también le enseñó a pintar. Más tarde, Geertje llegó a vender sus propias pinturas en las calles.

María es más conocida por sus pinturas de temas florales, pero también incursionó en una clase particular de bodegón denominada Vanitas (Vanidad), muy común en la época barroca y especialmente en Holanda, que incluye objetos de alto valor simbólico.

Así como Rachel Ruysch, sus flores son exóticas y muestran insectos y reflejos de su rostro. Como la pintora Clara Peeters, María presentaba a veces su autorretrato reflejado en alguno objeto la manera de firma. Sus bodegones contienen monedas, instrumentos musicales, vasos, insectos, frutas y flores. Sus arreglos se sitúan sobre un fondo oscuro que contrasta con el colorido brillante de las flores, que incluyen generalmente tulipanes y algún girasol en el alto de la composición.

Entre los clientes de esta artista figuraron Luis XVI, quien compró una de sus pinturas con motivos florales, el emperador Leopoldo, el Rey de Polonia y William III de Inglaterra.

María permaneció activa en la pintura hasta el año de su muerte en 1693, a los 63 años, y aun así su producción no fue muy extensa debido a la complejidad de sus trabajos y a su manera de pintar muy lenta y detallada.