Fue una pintora barroca italiana especializada en la pintura de bodegones de flores y frutas. Parece constatarse que fue hija de un pintor de naturalezas muertas llamado Vincenzo Voló. El apellido Caffi sería su apellido de casada al desposarse con Francesco Caffi, también artista y especializado en la pintura de flores y diseño de tapices.

Desarrolló su abundante actividad entre Lombardía y el Véneto, desde donde trabajó para los grandes duques de Toscana, los archiduques del Tirol y la corte española, siendo aquí muy estimada como demuestran las menciones en antiguos inventarios y la influencia ejercida sobre pintores como Bartolomé Pérez de la Dehesa junto con las numerosas obras conservadas en museos y colecciones españolas (Museo del Prado, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Fundación Santamarca, entre otras).

Se consagró fundamentalmente a la pintura de flores. Sus composiciones se caracterizan por el predominio cromático del azul y el carmín, así como por el contraste entre manchas de blanco brillante contra los fondos sumidos en ­penumbra. Utiliza en escasas ocasiones los fondos paisajísticos como ambientación de sus naturalezas muertas. Los ramos de flores suelen disponerse en dos grupos de diferentes tamaños y de forma irregular, que otorgan cierto movimiento a la composición. No parece manifestar una intención científica a la hora de describir las flores, a diferencia de sus contemporáneos nord­europeos, pues llega incluso a inventarse especies de flores al antojo de su imaginación.

Aunque debió de conocer modelos flamencos, desarrolló un estilo propio, de pincelada ligera y toques vibrantes sobre fondos sombríos, sobre los que destacan, ligeramente descentrados, sus ricos floreros. Los últimos años de su vida los pasó en Milán, donde creó una rica escuela de naturalezas muertas.