La italiana Giovanna Garzoni fue, en su época, una exitosa pintora de miniaturas que desarrolló especialmente el género de la naturaleza muerta, aunque también incursionó en el retrato y los temas religiosos. La artista, nacida en Ascoli Piceno en el año 1600, no fue hija de un pintor como solía suceder con las mujeres que llegaron a dedicarse la esta actividad, pero sus progenitores, Giacomo Garzoni y Isabetta Gaia, venían de familias de artesanos. Su talento fue descubierto cuando era aprendiz de un farmacéutico de su pueblo. Una carta escrita por ella en 1620 revela que fue entrenada en la pintura por Giacomo Rogni.

Su primera pintura firmada fue una Sagrada familia, realizada cuando tenía 16 años. Otro de sus más tempranos trabajos fue un libro de caligrafía adornado con frutas, pájaros y flores, que fue publicado en 1625.

A los treinta años Giovanna abandonó Venecia para trasladarse la Nápoles con su hermano. En esta ciudad trabajó bajo el mecenazgo del Duque español de Alcalá, pero en sus cartas expresa que allí no era feliz, y al retornar el duque a España la artista se mudó a Turín, aceptando una invitación del Duque de Saboya. En este sitio trabajó durante cinco años y en 1640 viajó la Florencia, donde trabajó para la Corte de los Medici, pintando varios bodegones para el Gran Duque Ferdinando II.

Hacia el año 1654 la artista se trasladó a Roma donde fue miembro de la Accademia di Sano Luca (asociación de artistas fundada en 1593), hecho fuera de lo corriente en esa época ya que no era costumbre admitir mujeres, pero consta en los registros que recibió los mismos beneficios que sus pares masculinos.

La obra de Giovanna Garzoni muestra la influencia de Jacopo Ligozzi, pintor, ilustrador y miniaturista que también desarrolló una obra descriptiva de la fauna y la flora de carácter casi científico. Este tema era de gran interes para los Medici, especialmente el duque Ferdinando II y su hermano, el cardenal Leopoldo. Muchos de los trabajos de Giovanna que hoy sobrevivieron y se encuentran en diferentes museos provienen de la colección cuidadosamente conservada por el Duque Ferdinando II y su esposa, la Gran Duquesa Vittoria della Rovere. Casi 40 obras suyas fueron rastreadas en colecciones florentinas y otras fueron registradas en los inventarios de los Medici de los siglos XVII y XVIII.

Las miniaturas de Giovanna, realizadas sobre una especie de pergamino hecho de fino cuero con pintura de acuarela o gouache, muestran una interesante simbiosis entre la convencional naturaleza muerta y el estudio científico botánico. La utilización de un medio acuoso en lugar del óleo les otorga frescura y ligereza. Detalles que dan vitalidad la estas composiciones son la inclusión de insectos y los efectos de luz y sombra, que crean una interacción entre los elementos representados.

Gracias a la Accademia di San Luca, que guardia excelentes registros, se pueden conocer detalles de la vida de esta artista, lo que fue de gran importancia, puesto que en su época solo se hizo una breve mención sobre ella en Meraviglie dell’Arte de Carlo Ridolfi, obra del año 1648. Hay que tener en cuenta que el género que desarrolló era considerado de menor importancia por la historiadores del arte, frente a la figura humana y los temas religiosos. Posteriormente, Lione Pascoli, en su obra Vite (1730-1736) escribe que esta artista tuvo la posibilidad de poner el precio que quisiera por su arte. El éxito con sus clientes le permitió tener una gran independencia económica y algunos mencionan que por este motivo pudo retirarse a la edad de 43 años.

La artista fue prácticamente desconocida hasta que en 1964 se realizó una exposición de naturalezas muertas en Italia que mostraba algunos de sus trabajos.