Violant De Algaraví

Violant De Algaraví, Pintora Aragonesa Del Siglo XV

Violant de Algaravi fue una de las pintoras que trabajaron en Aragón durante la Baja Edad Media, una de las mujeres que integraron la cadena de creadoras reconocidas por sus coetáneos y coetáneas que se expresaron a través de la pintura desde la Antigüedad’.

Sabemos de su obra por los textos que llegaron a nosotros como Testamentos y la carta de voluntad, del Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Calatayud, entre otros.

Pintaba tapices y cortinas como actividad remunerada. Se cree que también realizaba tablas y otros objetos. Por sus últimas voluntades se sabe que tenía aprendices (común en otras pintoras de la época).

Su producción, en caso de pervivir, permanece en el anonimato o quizás expuesta en alguna colección o pinacoteca atribuida al «maestro» de tal o cuál sitio”. Con todo la documentación conservada permite que nos aproximemos a aspectos interesantes de su historia familiar y personal.

Violant es una mujer cultivada cómo lo fueron algunos de sus antecesores, sabemos fehacientemente que ella escribe –los quales le devo et estan escrito de mano de la mía, dicta Violant, en su libro – y por lo tanto, lee, que está perfectamente al tanto de la contabilidad de su casa, para cuyo funcionamiento dicta precisas instrucciones, y que se maneja hábilmente a la hora de tratar con la compleja documentación contractual de la época.

Una cuna de lustre mediado, una posición económica desahogada, una formación cultural y espiritual muy superior al promedio y, lo que más nos interesa, Violant es pintora.

Calatayud, dentro de sus posibilidades, disfrutaba en la segunda mitad del XV de un ambiente de efervescencia artísticas, como París desde el siglo anterior y Bolonia en los siglos XVI y XVII, de manera que había labor para todos y para todas.

La división del grupo de pintoras y pintores por las sucesivas ordenanzas jerarquizó paulatinamente el oficio, de manera que los pintores de retablos constituyeron la cúspide del arte, seguidos por los pintores de cortinas y finalmente por los doradores”. Quien doraba no podían pintar cortinas ni retablos, y quien trabajaba en la pintura de tapices, no podían pintar sobre tabla, cobrando por este trabajo, se entiende.

About the author: Lucía Blanco