De su vida privada poco se sabe. En vida tuvo mucha fama y reconocimiento como retratista en la corte imperial rusa, algo inaudito para una mujer que además estaba casada y debía hacerse cargo de sus hijos.

Christina Sanders nació en la ciudad escocesa de Fife en 1796 en el seno de una familia de artistas. No se sabe quien ni como recibió su formación artística pero es probable que su talento fuera descubierto por sus propios familiares. Pronto empezó a destacar como miniaturista y retratista.

Desde su estudio londinense, Christina empezó a participar en las exhibiciones anuales de la Real Academia de Londres y Edimburgo y expuso su obra en distintos centros artísticos. Su talento fue reconocido en 1829 cuando se convirtió en la primera mujer en recibir el título de miembro honorífico de la Academia Escocesa.

En aquellos años, Christina Robertson hizo varios viajes a París donde entró en contacto con clientes rusos que con el tiempo le abrirían las puertas del Palacio Imperial de San Petersburgo. Mientras tanto, sus trabajos se incluían también en periódicos y revistas que aumentaron su fama y notoriedad.

Su gran oportunidad llegó en 1839 cuando la pintora participó en una exhibición de la Academia de Arte en San Petersburgo donde fue aclamada por el público en general y la crítica en particular. Su fama llegó a la corte rusa donde al año siguiente fue llamada para retratar a Nicolás I y su esposa a emperatriz Alexandra Feodorovna.

En 1841 era elegida miembro de la Academia de Arte ruso.